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Defazio-Knuppel: la vida deportiva al límite, esquivando la pandemia y entrenando con un barco prestado que vuela

En marzo 2020 se fueron a Europa para terminar la preparación para Tokio 2020 y a los dos días de haber llegado se declaró la pandemia, maduraron como equipo y ahora, en la recta final, entrenan con barco prestado en Punta del Este y aspiran a ingresar en el top 10 en nacra 17

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30 de mayo de 2021 a las 05:00

Para los deportistas amateur en Uruguay, llegar a los Juegos Olímpicos es el premio más importante al esfuerzo que pueden alcanzar y el reconocimiento a un largo trabajo silencioso que no sabe de más recompensas que esa satisfacción personal por la superación en sí misma para lograr el objetivo.

No hay cámaras de televisión, ni fotógrafos de diarios. Tampoco periodistas. No hay espónsores que salvan el futuro económico del deportista. No hay reconocimientos populares. Sin embargo, existe ese valor único, ese fuego sagrado y amor propio, que solo quienes recorren ese camino lo suelen expresar con singular orgullo.

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Desde hace una semana, en las aguas de Punta del Este, el nacra 17 de Uruguay que integran Pablo Defazio y Dominique Knuppel inició la recta final de la preparación para los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, que comenzarán el 23 de julio (un año después de lo previsto por la pandemia de covid-19). Para esta dupla se estrenará cinco días después en el puerto de Enoshima.

Defazio-Knuppel, que están clasificados desde 2019 y son hasta el momento dos de los cinco uruguayos que tienen el pasaporte olímpico sellado (los otros, los remeros Bruno Cetraro-Felipe Klüver en el doble par y Lola Moreira en vela) porque los demás aún buscan su lugar en la elite del deporte mundial, se concentraron en su propia burbuja olímpica para terminar de completar la preparación, con la mayor exigencia posible, con el objetivo de alcanzar un lugar entre los 10 mejores del mundo.

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“Estar entre los 10 mejores del mundo para nosotros es como ganar una medalla”, dice Defazio, que sabe lo que cuesta subir a podios y lo que implica competir en los Juegos Olímpicos. Ya lo vivió con Mariana Foglia, en Río 2016, cuando también en nacra 17 culminaron en la posición 17 entre 20. También fue campeón Sudamericano, medallista panamericano y campeón del hemisferio Occidental y de Oriente, en esas subdivisiones que tienen los deportes náuticos, pero que representan verdaderas competencias mundiales.

Para Pablo, un deportista que ya acumula 31 años arriba de un bote, desde que con nueve años se subió a su primer optimist en el Yacht Club Uruguayo en las aguas del puerto del Buceo, sus segundos Juegos Olímpicos representan un desafío diferente a sus 40 años.

“En 2020 nunca nos pusimos un objetivo, porque dijimos que cuando en marzo llegáramos a Palma sabríamos dónde estábamos parados y allí trazaríamos el objetivo. Nunca llegamos a ese lugar. La pandemia lo impidió. Después del camino que recorrimos en el último año, te puedo decir que estábamos lejos de los 10 primeros. Si los Juegos se hubieran realizado el año pasado, era difícil estar entre los 10. Nos faltaban algunas condiciones. Ahora estar entre los 10, después de un año más de preparación, técnicamente es algo a lo que podemos aspirar. Y eso para nosotros será como ganar una medalla, por el nivel al que nos vamos a enfrentar. Es difícil pero realizable”, apunta.

Para Dominique, hija de un olímpico en Seúl 1988 y un histórico de la vela como Bernie, tampoco es extraño este mundo al que ingresó con seis años en la escuelita del Yacht, aunque sus primeros Juegos Olímpicos a los 27 años, despiertan toda una aventura que desprende una adrenalina inédita, para ella, e incomparable.

“Cuando empezás a ver en el papel lo que queda para entrenar y el poco tiempo para los Juegos, genera nerviosismo, incluso cuando acá, en Uruguay, la vida rutinaria de ir a trabajar te quita la ansiedad de estar metida todo el día en la preparación. Cuando estás trabajando no te das cuenta, pero cuando llegás a tu casa y ves el plan de entrenamiento te entra como un cosquilleo inmenso”, explica Dominique.

Atrás de la preparación de estos dos deportistas olímpicos quedó un guión que bien puede llevarse al cine. Incertidumbre. Tensión. Preocupación. Drama. Cambiar la hoja de rutas dos veces y contar hasta el último peso para ver si pueden terminar de pagar la campaña, que ahora completan en Punta del Este con un barco que compró un amigo y se los prestó hasta julio.

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A fines de febrero de 2020 presentaron su plan para culminar los entrenamientos para los Juegos Olímpicos, con tres meses de preparación en Europa que les demandó una inversión total de US$ 100.000, que comenzarían dos semanas después. Hicieron una jornada con la prensa en el Puerto del Buceo. Mostraron detalles de su vida arriba del catamarán para que los medios de comunicación pudieran hacerlo trascender de la intimidad de esos dos habitantes diarios que tiene el barco, y que el público general pudiera conocer de los sacrificios de los deportistas olímpicos. En marzo fueron homenajeados y despedidos por las autoridades del gobierno y el deporte. Se llevaron el Pabellón Nacional para lucir en la villa olímpica, que en el caso de la vela se realizará en el puerto Enoshima. Sin embargo, dos días después de pisar Europa se declaró la pandemia de covid-19. Un mes después el Comité Olímpico Internacional canceló los Juegos y se encontraron con la disyuntiva de cómo seguir. ¿Volver a Uruguay o quedarse en Europa?

En Francia estaba Defazio con su familia, su esposa Mariana y sus dos hijos, Dominique, y el entrenador. Europa no tenía competencias, pero podían navegar y entrenar. Uruguay estaba cerrado, los clubes no admitían a nadie y volver a Montevideo implicaba abandonar el entrenamiento. Así que, perdido por perdido, decidieron tomar la opción que dejaría un crecimiento para el futuro: quedarse en Francia a entrenar tres meses, sin competencias, pero con el plus de poder seguir creciendo como equipo en el verano europeo.

“Anímicamente, en aquellos días de marzo y abril, en primera instancia fuimos recibiendo como pequeños golpecitos. Los JJOO no habían sido aplazados. Hasta que en un momento nos dieron el golpe”, resume Dominique.

Económicamente era un golpe al alma. “Hicimos una inversión en enero y febrero. Alojamiento, alquiler de auto y del barco, para tres meses de estadía en Europa. Estaba invertido, así que lo primero que pensamos fue aprovechar los recursos para entrenar la mayor cantidad de horas posible”.
“Hoy se ve diferente, pero en ese momento nada hacía pensar que se iban a suspender los Juegos, por eso apostamos por seguir entrenando”, dice Defazio.

La vida de esta dupla continuó durante casi seis meses en Europa.

Y generó un crecimiento exponencial. “Deportivamente a pesar de no haber participado en competencias ni medirnos con otros barcos, no tengo dudas que desde ese entonces mejoramos porque nos dio tiempo de trabajo y horas de entrenamiento que no hubiéramos tenido. Y todo eso implica crecimiento. Nos dio horas en el agua, que no las tenemos porque en Montevideo debemos trabajar, porque no tenemos dinero para entrenar. Porque en Uruguay todos los días estamos viendo cómo hacer para mantener la actividad. Sin dudas, haber estado allá nos dio un mes entero solo de navegación. Eso no lo íbamos a hacer ni siquiera en la temporada europea y corriendo regatas allá”, agrega.

Defazio y su familia volvieron en setiembre. Knuppel, en octubre porque se quedó navegando otros barcos en otras regatas.

Defazio

De regreso en Uruguay, se juntaron y rearmar el calendario. Se enfocaron en hacer un buen verano en Punta del Este. Trajeron a su entrenador y se concentraron dos meses.

El campeón olímpico argentino pidió para entrenar en Punta del Este y armaron todo para aprovecharlo para medir fuerzas. Finalmente, esta experiencia que entienden hubiera sido enriquecedora, se truncó porque se cerraron las fronteras.

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Tras un enero y febrero intenso en Punta del Este, retomaron hace una semana el entrenamiento más profundo para Tokio 2020, en Punta del Este y con un barco prestado.

“Hoy no tenemos presupuesto. El que asignaron para 2021 no es suficiente por los gastos que tenemos para traer un barco de Europa para entrenar acá. Se cancelaron los campeonatos en Europa y mandamos nuestro barco directo a Japón. Nos quedamos sin barco. Fue entonces cuando apareció una persona que nos ayuda en la campaña, donó dinero para comprar un barco usado y barato en Europa. Nosotros pagamos el contenedor y se nos acabó el presupuesto. Tenemos el barco, pero estamos en cero y faltan dos meses y medio. Tenemos que pagar al entrenador. Queríamos ir a entrenar a Brasil 10 días, pero no sé si podremos”, explican.

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Ese barco prestado, que compró un amigo, lo usan para entrenar hasta julio en Punta del Este.

¿Qué falta para completar la preparación que quieren para llegar bien a los JJOO? “Nuestra prioridad de acá a los JJOO es pagarle al entrenador que nos va a entrenar tres meses, ir a Brasil 10 días, estar unos días previos en Japón, porque tenemos que ir días antes para navegar, aclimatarnos y preparar el barco. Y llevar un kinesiólogo para que nos ayude en la recuperación. Esos son los ítems prioritarios”. En los primeros días de julio ingresarán a las aguas olímpicas.

Defazio-Knuppel recibieron apoyo del Comité Olímpico Uruguayo, de la Secretaría Nacional del Deporte y del Yacht Club Uruguayo, pero no son suficientes. Mucho menos en una preparación para los Juegos Olímpicos que se extendió al doble del tiempo por la suspensión en 2020.
De todas formas, están listos para ir por ese top 10. Para Dominique fue un año de aprendizajes y de crecimiento.

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Encontraron motivaciones en cada día de entrenamiento. “Usamos el deporte y nuestras ganas como motivación para seguir”, dice
“Lo único que queda en el debe es que no pudimos navegar con nadie. Queremos ir a Brasil para saber si de velocidad estamos bien, si seguimos igual que antes. Esa es la única incertidumbre. No tenemos dudas que técnicamente, en la parte de viento a favor, de popa, cuando el barco va volando, cubrimos mejor, se siente arriba del barco”, apunta Pablo.

¿Por qué es importante competir con otros barcos? “A diferencia de otros deportes, nosotros no competimos contra un reloj. No alcanza con saber el tiempo que hizo otra persona y mejorar esa marca. Nosotros competimos con otros barcos que son iguales al nuestro, entonces depende el día, el momento y el viento. En sensaciones sabemos que estamos más cómodos en algunas condiciones en las que antes el barco podía ser ingobernable (cuando vuela en el agua, por ejemplo) o no nos sentíamos cómodos. Eso lo vemos y lo sentimos. Pero en el tema velocidad barco a barco tenemos la necesidad de medirnos con alguien más. En Brasil tenemos posibilidad. Esperemos conseguirlo antes de viajar a Japón”, apuntan.

Descartaron viajar a entrenar unas semanas a Europa, donde se preparan todas las embarcaciones en su categoría que participarán en los Juegos. No tienen presupuesto para ello.

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¿Qué debe ocurrir en los JJOO para que el Nacra 17 uruguayo quede entre los 10 mejores del mundo? “El plan de regata es cometer la menor cantidad de errores y que los demás cometan más que vos. Hay varios países para pelear una medalla. Eso les juega en contra y les genera presión. Por la experiencia de Río, donde vimos tripulaciones muy buenas y las ves navegar muy mal por presión. Eso nosotros no lo vamos a tener. Somos muy exigente, nosotros vamos a navegar de la mejor forma y a disfrutar. Hacemos lo que nos gusta, navegar, entrenamos, vamos a representar a Uruguay. ¿Se puede lograr? Sí. ¿Cómo se consigue? Día a día. Regata a regata”, resume Defazio.

Debutan el 28 de julio y el 3 de agosto tendrán el dictamen final. De todas formas, ellos ya tienen su primera recompensa, haber llegado hasta acá. La próxima será entrar entre los 10 mejores del mundo y, rascando un poco más en los sueños de este mixto olímpico, está el milagro de conseguir una medalla.

¿Qué es el Nacra 17?

El Nacra 17 es una disciplina de vela que se desarrolla por segunda vez en los Juegos Olímpicos, la primera fue en 2016, participan 20 embarcaciones que buscan las tres medallas más importantes.
Es la primera embarcación mixta de este deporte en los JJOO. No exige peso mínimo ni máximo de sus tripulantes. Las competencias constan de 10 mangas más la medal (una especie de final donde los puntos valen doble). Las cuatro primeras jornadas de Tokio 2020 se corren los días 28, 29, 31 de julio y 1° de agosto. La medal el 3 de agosto. Los días 30 de julio y 2 de agosto se guardan como retén en caso de suspensión de regatas por falta o exceso de viento.
Las embarcaciones realizan un recorrido barlovento-sotavento, esto sería navegar contra el viento y regresar a favor del viento. Ese recorrido lo realizan dos veces en una cancha náutica en la que recorren una distancia promedio de 1,6 kilómetros. La distancia varía según el viento. Para cambiar de sentido deben pasar entre dos boyas cuando van con viento a favor, y con viento en contra deben rodear una sola boya. Gana cada regata el barco que realice el recorrido en el menor tiempo posible y suman puntos de 1 a 20, según la posición. El mínimo es 1 (para el primero), el máximo 20 (para el vigésimo). Se llevará la medalla de oro el que acumule menos puntos. La meta la deben cruzar en un tiempo límite de 30 minutos, que es establecido por los oficiales, de lo contrario se anula la regata.
El Nacra 17 se desarrolla sobre un catamarán. No existe otra clase multicasco en los Juegos Olímpicos. Una de sus características es que foilea, esto quiere decir que el barco se levanta del agua y vuela, una maniobra que exige mucho trabajo y concentración. Los foils son quillas hidrodinámicas que sustentan el barco con el mismo principio físico que un avión en el aire. En Río 16 no existía esta variante, que se estrena en Tokio 2020. En carrera alcanzan velocidades de hasta 50 kilómetros por hora y vuelan sobre el agua.
“Esta embaración es bastante exigente desde lo físico, un Nacra 17 es un catamarán rápido, que foilea, por la forma de su quilla y timones, apenas alcanza cierta velocidad el barco se despega del agua. Eso lo hace muy técnico”, apuntan.
Las empresas que apoyan a Defazio-Knuppel son Under Armour y D3, además del Comité Olímpico Uruguayo y de la Secretaría Nacional del Deporte.

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