Sudán es uno de los 54 países que conforman el continente africano. Tiene cerca de 46 millones de habitantes y está al noreste de África y comparte frontera con Egipto al norte, con el mar Rojo al noreste, con Eritrea y Etiopía al este, con Sudán del Sur al sur, con la República Centroafricana al suroeste, con Chad al oeste y con Libia al noroeste.
Una parte importante de Sudán fue colonia francesa hasta 1960, lo que llevó el culto católico a sus pobladores. Sin embargo, la influencia musulmana hizo que la mayoría de los sudaneses pudieran hablar francés y profesar la fe de Mahoma.
Se trata de un país pobre, con una desertificación importante pese a estar atravesado por el Nilo, donde hay valles, y con una dramática historia de conflictos bélicos internos.
Desde que en abril estalló la guerra entre el ejército oficial del país y las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR), los intentos de diálogo resultaron efímeros. Después de dos meses y medio de guerra, y de mediaciones fallidas, el conflicto vive una escalada de la violencia con nuevos frentes de lucha armada.
Lo peor es la crisis humanitaria con hambrunas y violaciones de Derechos Humanos por parte de ambos grupos armados. El deterioro más notable es en la región occidental de Darfur, base de las FAR.
Ambos sectores –militares que responden al Ejército de Abdel Fattah al-Burhan, quien dirigió el golpe de Estado del 25 de octubre de 2021 y logró hacerse con el control del Gobierno, y los rebeldes de las FAR– están bloqueando los corredores humanitarios y la llegada de ayuda exterior.
Los peores episodios de violencia se dan en El Geneina, capital de Darfur Occidental, donde además de los dos bandos, hay paramilitares y de milicias árabes que atacan a los grupos originarios no árabes, que también se armaron para afrontar los saqueos y asesinatos.
Desde abril, las organizaciones humanitarias estiman que en El Geneina hubo más de 1.000 muertos. Desde mediados de mayo, los servicios de comunicación y de internet de El Geneina sufrieron interrupciones, lo que complica determinar la magnitud de lo que está sucediendo.
La escasez de comida y agua, así como con el colapso de servicios básicos como la atención médica, crea un clima de poca esperanza para la población de ese lugar, muchos de los cuales no pueden siquiera migrar por el riesgo de toparse con grupos armados.
Médicos Sin Fronteras denunció que hay violencia sexual y asesinatos selectivos de líderes y activistas comunitarios. De camino a Chad, a 20 kilómetros de El Geneina, decenas de personas fueron asesinadas y centenares resultaron heridas de bala mientras trataban de huir.
Unas 300.000 personas se desplazaron internamente, según datos de la ONU. La situación en la ciudad en Darfur tocó fondo a mediados de junio, cuando el gobernador de Darfur Occidental, Jamis Abdallah Abkar, de una tribu no árabe, fue asesinado tras conceder una entrevista a una televisión saudí.
Abkar calificó de genocidio lo que está sucediendo en la región y responsabilizó a las FAR y a milicias árabes afines y pidió la intervención de la comunidad internacional según consigna el diario español El País.
Un portavoz de las FAR negó al corresponsal de ese periódico que se encontraran tras esos crímenes, y acusó de ellos al Ejército. Sin embargo, en un vídeo verificado del arresto de Abkar, difundido en redes sociales, se observan hombres con uniformes de las FAR.
La asesora especial de la ONU para la prevención del genocidio, Alice Wairimu, afirma que esta situación puede derivar “en nuevas campañas de violaciones, asesinatos y limpieza étnica”.
También escaló la violencia en el resto de los Estados de Darfur. Algunos de los lugares más castigados incluyen la ciudad de Kutum, que fue declarada zona de desastre humanitaria por el gobierno de Darfur Norte, y campos de desplazados en este mismo Estado.
La capital de Darfur Central, Zalingei, y de Darfur Meridional, Nyala, también fueron escenarios de fuertes combates. Darfur ya sufrió a principios de siglo una campaña de limpieza étnica liderada por milicias que hoy integran en gran medida las FAR.
En 2008, la ONU estimó que habían muerto en la región más de 300.000 personas y 2,5 millones habían huido del país. Se trata de más del 5% de la población total de Sudán. El último alto el fuego venció a finales de junio.
Arabia Saudita y los Estados Unidos mediaron durante semanas entre ambos bandos para frenar las hostilidades, pero sin resultados y sólo aseguraron treguas esporádicas en Jartum, aprovechadaas para movilizar a más tropas y abastecerlas.
Ante la falta de avances, Washington suspendió en junio las conversaciones. Desde el inicio de la guerra se registró la muerte de al menos 3.000 civiles y casi el doble de heridos. Alrededor de tres millones de personas abandonaron sus hogares, y, de ellas, más de 600.000 huyeron de Sudán.