Los uruguayos crecieron en los últimos 40 años escuchando los cuentos de la guapeza de sus futbolistas, de las historias de héroes que callaron estadios, de la hombría de aquellos jugadores que marcaron una época en las canchas de Uruguay y del mundo. De los tiempos en los que el fútbol era otro deporte, donde la pelota corría a otra velocidad y se lucían los malabaristas con la pelota, donde las exigencias físicas del fútbol estaban muy lejos de las actuales.
Guapos eran los de antes
Polenta y Estoyanoff cayeron en tentaciones de la hombría mal entendida; a Nacional le salió caro