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Fútbol > Promesas incumplidas

La historia detrás de Molina y su oferta inexistente

La fastuosa oferta de Gerardo Molina por los derechos del fútbol uruguayo quedó en la nada

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31 de diciembre de 2016 a las 05:00

Gerardo Molina desapareció la semana pasada del mapa uruguayo. Fue como el acto de un mago: acumuló expectativa, tuvo a miles de personas en vilo, y de pronto, se esfumó. Pero claro, le faltaron los aplausos: en cambio, su último acto fue la destrucción de la credibilidad de su proyecto, con lo que confirmó las dudas que generó desde que anunció su oferta de US$ 500 millones por el fútbol uruguayo. En el medio quedaron una larga lista de promesas incumplidas, reacciones insólitas, cuentas sin pagar y la enorme duda de cuál era su objetivo final.

Referí se comunicó con varias personas que interactuaron con Molina, y reconstruyó el rastro de su actuación.

Fase 1: especialista

Gerardo Molina llegó a Uruguay como un especialista en marketing. En el medio de la discusión entre los jugadores de la selección y la empresa Tenfield por los derechos de imagen, apareció como una voz autorizada, y que en una recorrida por varios medios, incluido Referí, explicó algunos aspectos básicos del marketing deportivo. Y demostró conocimientos del tema.
Molina fue presentado por un periodista uruguayo, Pablo Gobba, quien lo llevó a recorrer los medios. Fue el primer paso de una asociación que se terminó quebrando por varios hechos que asombraron a Gobba.

El profesional lo ayudó con sus contactos periodísticos, pero también del fútbol: le presentó al responsable de marketing de la Asociación Uruguaya de Fútbol, Marcos Méndez, con quien mantuvo una primera reunión en la calle Guayabo, a principios de noviembre. Méndez le transmitió a Molina la ayuda que necesitaba la AUF en el tema tras 18 años de no tratar el tema. La situación era –y es– clara: este 31 de diciembre se vence el contrato con Tenfield por los derechos de marketing, vigente desde 1998, y desde el 1° de enero la AUF saldrá a vender directamente a las empresas interesadas. Molina quedó en presentar un plan a la AUF.

Luego, el "CEO de Euroméricas" siguió con sus reuniones, siempre en calidad de experto. Se reunió con la empresa Rincón del Hincha, que posee el merchandinsing de buena parte del deporte uruguayo.

Le pidió dinero a Tenfield

A continuación se reunió con Tenfield: les pidió US$ 60 mil -en 10 cuotas de US$ 6 mil- por elaborarles un plan de marketing. La empresa lo descartó de plano, ya que entiende que el marketing deportivo es algo difícil de poner en práctica en Uruguay. También se reunió con los representantes legales uruguayos de los jugadores de selección: hasta donde sabe Referí no les pidió dinero.

Tras eso, Molina intentó nuevo raid mediático: en este caso, para decir que se había reunido con todas las partes y tenía un diagnóstico: ninguno estaba preparado para manejar correctamente los temas de marketing deportivo. Ya no tuvo el mismo rebote que en su primera participación. Decía tener información, pero en realidad solo tenía un valoración que favorecía a sus intereses.

El insulto a Urrutia

La siguiente reunión fue con Carlos Urrutia, padre del piloto Santiago Urrutia. Era un objetivo lógico, ya que el coloniense busca sponsors para poder hacer otra temporada en Indy Lights (ver página 10). Molina les pidió US$ 4 mil como primer paso de un plan de marketing y presentarlo a potenciales clientes. El padre de Urrutia le dijo que no tenían dinero, pero podían negociar un porcentaje futuro en caso de conseguir esos sponsors. La respuesta de Molina los dejó azorados: "Espero que su hijo tenga para comer el año que viene".

Más allá de estas actitudes extrañas, Molina empezaba a hacerse conocido, y surgió el contacto con Mariela Marenco, una prestigiosa uruguaya especialista en marketing. Marenco le compró la representación de la empresa en Uruguay, a cambio de US$ 3 mil dólares.

El giro: derechos de TV

Fue entonces, a mediados de noviembre, que Molina dio el giro radical de su personalidad: de un especialista en marketing pasó a ser un ofertante por los derechos de TV del fútbol uruguayo.

Empezó midiendo el ambiente. No presentó su oferta directamente a la AUF, sino a los medios. Habló con El País y le dijo que detrás de su oferta estaban Fox y Turner Media, los mismos que hoy ofertan por el fútbol argentino. También le ofreció esa información a Referí, que le pidió contactos de esas empresas para confirmar la información. Se ofendió argumentando que no se confiaba en él.

Referí hizo contactos con autoridades de Fox en Uruguay, que negaron cualquier vinculación. Pero lo increíble llegaría después: informado Molina de eso, pasó el contacto de una alta autoridad de Fox en Latinoamérica. Cuando Referí lo consultó, ese ejecutivo dijo: "Solo me llamó una vez, cinco minutos, y me dijo que se estaba subiendo a un avión y que quería hablar conmigo luego. No lo conocemos y nunca trabajó para Fox. No estamos detrás de ninguna oferta". Días después, Molina informó a 180 que detrás de la oferta estaban Fox y la china PPTV.

La reunión con la AUF

Fue el momento de apuntar hacia la AUF. El presidente Wilmar Valdez tenía ciertas dudas en reunirse. Sin embargo, lo convenció, según informaron a Referí fuentes de la AUF, un llamado de Diego Lugano, ex capitán y uno de los más activos del movimiento de jugadores contra Tenfield.

En esa reunión, el miércoles 14, Molina le presentó a la AUF la oferta estrambótica: US$ 68 millones anuales, más US$ 32 millones anuales de derechos asociados: o sea US$ 100 millones anuales durante 5 años, y US$ 500 millones en total. Tenfield paga en el entorno de US$ 14 millones anuales hasta 2025, según confirmó el jueves el neutral Ignacio Alonso en El Espectador.

La reunión de Valdez y Alonso con Molina terminó de disparar al argentino a la escena pública. Fue él quien gestionó que varios medios estuvieran presentes en la AUF, lo que sorprendió a Alonso y Valdez, y los obligó desde el principio a estar expuestos, algo que no dudaron en condenar. Por la noche de ese día, Tenfield anunciaba su disposición a rescindir si la oferta era real, dejando claro la impresión que les dejó tras la reunión donde el argentino les pidió US$ 60 mil: estaban seguros de que lo de Molina no era real.

Las flaquezas

Las apariciones mediáticas de Molina estallaron a partir de esa reunión en la AUF, pero cada vez dejaba más dudas. En el diálogo con Valdez y Alonso volvió a cambiar la versión de las empresas interesadas: ahora dijo que eran PPTV y Liberty Media.

Pero tampoco explicaba cómo se estructuraba el negocio, o quién haría la producción audiovisual. Hablaba de "marketing deportivo" en genérico, pero no daba ningún detalle. Y, consultado por el hecho de que la oferta por el fútbol uruguayo era la mitad de lo que se estaba ofertando en Argentina, un mercado con 10 veces más abonados, dijo que quien medía el negocio en función de ese dato entendía cómo funcionaba el sistema (esa es la unidad de medida principal según todas las empresas serias). Todo eso sin tener en cuenta que no se le conocía ningún antecedente en negociaciones similares, o que Euroméricas no tenía estructura: básicamente era él.

Molina no atendió a Alonso entre el viernes 16 y el lunes 19 –dijo que tenía el celular apagado pero quedó en evidencia en entrevista con El Observador TV, ya que mandó mensajes a periodistas el fin de semana-. Y cuando tuvo que presentar una oferta estructurada y concreta, entre el martes 20 y el miércoles 21, nunca lo hizo.

En esos días, cuando todo empezó a quedar definitivamente claro, se le alejaron sus dos representantes en Uruguay, Gobba y Marenco. Ya no querían quedar asociados a alguien que les había mentido y que había demostrado una total falta de profesionalismo. Una anécdota terminó de quebrar cualquier vínculo con Gobba. Molina dijo que en la reunión con Valdez y Alonso había participado Jesús Manzanares, vicepresidente de relaciones institucionales del club Atlas y accionista en TV Azteca. Alonso lo negó. Cuando Gobba fue a visitar a Molina a su hotel, le pidió conocer a Manzanares: "Está durmiendo", le dijo. Le consultó media hora después y Molina argumentó: "Esta trabajando". A la media hora le dijo: "Sigue durmiendo". Lo cierto es que Manzanares nunca estuvo en Uruguay. Además, dejó de sin pagar las estadías en el Hotel Ermitage, en dos de sus cuatro visitas a Montevideo, que debió terminar pagando Marenco.

Ya era el momento en que todo empezaba a prenderse fuego, como quedó claro en las entrevistas en Desayunos Informales y en El Observador TV. Llegó el día esperado, y no presentó la oferta a la AUF, que dejó de considerarlo "serio". Fox dijo en un comunicado lo que le había dicho a Referí un mes atrás: "No lo conocemos y no nos representa". También tuvo alguna errática aparición en Twitter, como el jueves, cuando dijo que publicará un documento donde "dejará plena constancia de todo el proceso llevado a cabo", pero no habló una palabra de la oferta. Esa oferta que se esfumó como su credibilidad.


La duda que sigue sin respuestas consistentes: ¿por qué lo hizo?

La gran pregunta que quedó flotando en el aire es: ¿para quien y con qué objetivos trabajaba Gerardo Molina? Sobre eso solo hay especulaciones, y todas tienen argumentos fuertes en su contra. Por tanto, es un gran enigma.

Opción 1: el libro

Una opción es que su objetivo fuera vender su libro, "Manual de marketing deportivo". Llamó la atención que, en pleno momento de dudas sobre su oferta, cerrara cada entrevista publicitando su libro. Incluso, tras un informe de Referí donde se presentaban las dudas sobre su proyecto, el interés de Molina no fue quejarse sobre el mismo, sino que no se había publicado una nota sobre su libro.

La hipótesis podría resumirse en lo siguiente: negociar un par de semanas de la AUF, aprovechando la zafra navideña de venta de libros, retirarse argumentando que no se había llegado a un acuerdo, irse y cosechar una buena venta. Sin embargo, en Uruguay solo se imprimieron 300 ejemplares, lo que a duras penas le daría para cubrir sus gastos de viajes y de estadías, sin considerar los que dejó sin pagar.

Opción 2: Tenfield

Otra opción es que detrás de él estuviera Tenfield. En ese sentido, hay dos caminos: uno sería dejar patente la falta de seriedad de Molina para contrastarla con la empresa de Casal, ahondando un argumento que se manejó cuando la AUF se quedó con US$ 3 millones trancados por la Justicia por el proceso a Fullplay, y que se resume en el siguiente argumento: "La única vez que la AUF fue a buscar a alguien que no fuera Tenfield, no cobró".

Hay otro argumento más complejo: que Molina fuera un caballo de troya que hiciera incurrir a la AUF en un error. Así podría leerse su insistencia en acceder a la cláusula de recisión con Tenfield. La AUF le dijo que no se la daría porque incurriría en una violación de la confidencialidad del acuerdo. La hipótesis sería que, si la AUF caía en ese incumplimiento, Tenfield amenazara con un juicio y usara como carta de cambio el contrato de sponsors que vencía el 31 de diciembre.

Consultados por Referí, desde Tenfield niegan cualquier vinculación con Molina, y solo reconocen esa reunión donde les pidió los US$ 60 mil. Y además, esas hipótesis partirían de confiar todo en alguien que a todas luces presentaba demasiadas dudas. Por tanto esta hipótesis también tiene más flancos que certezas.

Opción 3: los jugadores

La otra hipótesis es que fueran los jugadores, de manera de poner en aprietos a Tenfield. Desde el entorno de los jugadores niegan estar detrás, aunque también reconocen haberse reunido. Pero como con Tenfield, la teoría implicaba confiar en alguien que dejaba demasiadas dudas.

En este punto se generó una polémica entre periodistas pro y anti Tenfield, luego que el periodista Daniel Bianchi dijera que tras de la oferta de Molina estaba Lugano. Eso es incomprobable, pero el hecho es que Molina se reunió con todas las partes vinculadas al conflicto. Lugano sí puede haberle pedido a Valdez que se reuniera para agregarle un conflicto más a la empresa de Casal, y sí puede haber sido engañado –como tantos– por Molina.
La otra hipótesis, simplemente, es que Molina buscara fama y notoriedad en los medios. El empresario recorrió medio Uruguay, y al final, se esfumó tan rápidamente como su credibilidad.
Un resumen de como lo vio la AUF lo dio el secretario general Alejandro Balbi, quien entrevistado por El País TV lo catalogó como "un chanta": "Son esos personajes que lamentablemente aparecen, pero que desapareció rápidamente; fue el bluf de fin de año".

Se termina el contrato

Con el fin de año, este sábado, vencerá también uno de los contratos vigentes desde 1998 con Tenfield: el de los derechos de marketing de la AUF. Por ese motivo, la empresa dejará de tener el derecho de explotación de los sponsors asociados a la AUF, como ocurre hasta ahora, en un convenio firmado por el entonces presidente Eugenio Figueredo, hoy preso por estafa y lavado de activos. La AUF pasará a tener posesión de esos derechos, y negociará directamente con las empresas interesadas, a diferencia de lo que ocurría con el modelo anterior, en el que se cedían todos esos derechos a Tenfield, que a su vez negociaba acuerdos privados con cada uno de los sponsors que aparecen con la selección. La AUF consiguió su objetivo de dejar vencer ese contrato, a pesar de las presiones de Tenfield y de varios clubes cercanos a la empresa de Casal.


Cifras que manejó Molina

US$ 68.000.000
Ofreció Molina anualmente por los derechos de TV del fútbol uruguayo, en un contrato a 5 años.

US$ 60.000
Le pidió Molina a Tenfield para hacerle un plan de marketing.

300
Los ejemplares que editó Molina en Uruguay de su libro, "Manual del Marketing Deportivo".

US$ 4.000
El dinero que le pidió Molina a Santiago Urrutia y a su padre por armarles un plan de marketing.

US$ 3.000
Lo que le cobró a una empresaria por venderle la representación en Uruguay de su empresa.

2
Los hoteles que Molina dejó sin pagar en Uruguay: los tuvo que pagar su ex socia uruguaya.

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