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Lucho Romero eligió un clásico que ganó con Peñarol en 1997 por encima del que ganó en 2004 con Nacional

El excentrodelantero de los dos grandes recordó la riña del 2000, la vez que Gregorio Pérez descubrió que fumaba en el entretiempo y la magia del Tony Pacheco

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11 de mayo de 2020 a las 17:52

Luis Romero, actual entrenador de las formativas de River Plate, jugador emblema en el quinquenio de Peñarol (1993-1997) y verdugo clásico con Nacional en 2004 contó este lunes sus vivencias con las dos camisetas más grandes del fútbol uruguayo. 

"Creo que ya se olvidaron, los viejos deben seguir sintiendo dolor, es algo normal, pero no me cambia mucho", dijo Romero a Último al Arco que se emite por Sport 890 cuando fue consultado sobre qué piensa que despierta hoy su nombre en los hinchas de Peñarol.

También dijo que cuando llegó a Nacional en 2004 no tenía otra alternativa para seguir jugando y que de no haberla aceptado debía retirarse cuando aún se sentía vigente: "Con mucho para poder dar tendría que haber dejado porque venía de hacer buenos campeonatos con Peñarol, de conseguir un quinquenio y jugar en un equipo chico era complicado; día a día que pasaba analizaba retirarme. Luego de tanto conversar acepté la propuesta de Nacional". Al tricolor llegó tras jugar en Central Español y Alianza Lima en 2002 y retornar al palermitano en 2003. Tenía entonces 35 años.  

Sobre su salida de Peñarol de 1998 (se fue a jugar un año a Shandong Luneng de China) expresó: "En primer lugar me responsabilizo yo por haberme olvidado de firmar ese papel. Los dirigentes de aquel entonces, encabezados por el Contador (José Pedro) Damiani, que estaban afuera de esa reunión en la que se me dijo que no se me iba a pagar porque me había olvidado de firmar ese papel, sabían cómo era la situación. Algunos siguen hasta el día de hoy en el club". 

También confesó: "Llegué a Peñarol siendo hincha de Nacional de toda la vida; me abrieron las puertas y el equipo me dio todo, un nombre y apellido en el fútbol uruguayo. Y me hice hincha por lo vivido y los resultados. Cuando me pasó lo que me pasó, quedé dolido porque no pensé se fueran a comportar de esa manera, fue una traición muy grande luego de haber conseguido un quinquenio siendo yo partícipe importante; me dolió muchísimo".

Luego de anotarle goles claves a Nacional entre 1995 y 1997, para conquistar el quinquenio, Romero se convirtió en verdugo de Peñarol cuando en el Clausura 2004 entró con el partido 0-2 y lo empató con dos goles para un recordado clásico que Nacional terminó ganando 3-2. "Entiendo que han pasado un montón de jugadores por los dos grandes, pero yo llevaba una responsabilidad de cumplirle a la gente de Nacional por lo que habían vivido y sufrido, y porque siempre está en la cabeza del hincha, eso de 'este viene a robar la plata'. Yo tenía claro a lo que iba, sabía que era un jugador vigente, no tenía nada para demostrar, sino ser lo que era día a día en el laburo. Los dos goles fueron la frutilla en la torta, y sirvió para que me pudiera quedar un año más en Nacional. Nunca fui un gran goleador en mi carrera, pero siempre era un jugador que incidía en el resultado o hacía goles en partidos importantes y a la gente de Nacional le cayó muy bien eso".

Cuando le pidieron que eligiera entre un clásico para volver a jugar y le dieron como únicas opciones la semifinal del Uruguayo 1997 contra Nacional -en el que el tricolor ganaba 2-0 y Peñarol se lo remontó 3-2 anotando Romero el 2-2- y el del Clausura 2004 antes reseñado, Romero no titubeó: "El del 97, sin dudas, por todo lo que conlleva, muchísimos días concentrados, un desgaste físico y mental altísimo, y la verdad: éramos un grupo de 30 o 40 y parecíamos uno solo".

Hoy por hoy confesó que si mira un clásico no hincha por ninguno: "En casa son todos de Peñarol, solo mi viejo, mi hermana y yo estamos para el lado de Nacional. Es como la profesión de ustedes: que gane el mejor".

El cigarro y el reto de Gregorio

"Fumé desde los 13 años, era un gusto que tenía; terminé de jugar al fútbol y dejé de fumar. Era como un calmante, me sosegaba, me dejaba en paz. En el entretiempo el Bola Delgado (utilero de Peñarol) me esperaba con un rollo de papel higiénico que adentro tenía un cigarrillo y un encendedor. Se dieron cuenta en un partido con Defensor que nos ganaba 3-0. Gregorio dando la charla en el entretiempo se dio cuenta que no estaba, fue al baño y me vio: '¿Qué hacés? 'No te saco porque vamos empatando y estamos con 10, sino te saco'. Yo no dije nada. Empatamos 3-3 y creo que hice dos goles".

"Al otro partido el Bola no me esperó, me senté en el entretiempo, íbamos ganábamos fácil y en un momento Gregorio me miró y me dijo: ¿No tenés nada que hacer vos?' 'La verdad que no' le dije y Gregorio me respondió: 'Andá a hacer lo que tenés que hacer y vení'. Y así quedó esa cábala. Después, cuando dejé de entrenar y jugar notaba en mi ropa y en el aliento el olor a tabaco y lo tuve que dejar porque no lo aguantaba. Pero cuando jugaba no lo sentía. No está bueno, pero era uno de los pocos vicios que tenía", expresó.

¿Volver a Peñarol en el 2000 fue una mala decisión? "Si. Pero creo que lo volvería a hacer por lo que logramos con el plantel y con los que me fueron a buscar a casa. No volví por lo económico sino por lo que compartí con ese plantel. Tendría que haber pensado y no decidirlo con el corazón por lo que me pasó en el 98 y lo que me volvieron a querer a hacer en el 2001".

También le preguntaron por los incidentes que se suscitaron en el clásico del 2000 que terminó en batalla campal tras un aburrido 0-0 y que derivó en el procesamiento de varios jugadores por bando: "Lo que pasó en la cancha quedaba en la cancha y si Julio Ribas no se arrimaba no pasaba nada, quedaba entre nosotros los jugadores. Capaz que hubo una gastada mía cuando se acalambró el Gaby Cedrés a Ojota Morales, algo que le dije en la cortita, de que jugábamos otra final en pocos días. Pero se armó por todo el revuelo de los que se arrimaron. Siempre digo lo mismo, en un medio tan chico, para encontrarte levantás un teléfono y decís 'tengo un problema contigo' y listo. Fue mucho hablar y tirar una mano para que pasara lo que pasó. No me siento culpable. Mi idea era que cada uno se fuera para su casa cuando pitó el juez". 

Consultado si Pablo Bengoechea fue la pieza más determinante del quinquenio de Peñarol, Romero prefirió optar por Antonio Pacheco: "Pablo fue una pieza clave en muchas situaciones del juego y en el manejo del plantel con el técnico, pero hubo figuras descollantes, para mí más allá de Pablo el ue tenía la llave de todo siempre era el Tony, tenía la fantasía y siempre aparecía; no te quiero decir que uno sea más que otro, pero mi pollo era el Tony".

También le preguntaron si estaba distanciado con Sebastián Abreu: "No", respondió sin dudas, para luego aclarar que sí le molestaba cómo incidía en la decisión de los entrenadores cuando compartieron plantel: "Tiene una manera de ser y yo otra totalmente distinta, somos antagónicos, pero diferencias no. No es normal que un jugador duerma en la sanidad. No me gustaba la incidencia que podía tener con los entrenadores. Estábamos el Cacique Medina, Gaby Álvez, él y yo y luego se sumaba la ficha de Luis Suárez. En la manera que él se manejó no estaba de acuerdo, pero son procederes de expresarse cada uno como persona; no me gustaba y lo dije".

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