30 de junio 2021 - 5:02hs

La discusión en torno a la inclusión en educación adquiere un renovado impulso a la luz de los desafíos que plantea la transformación de la educación y del sistema educativo en la era pos-pandemia. Ciertamente las implicancias y consecuencias del COVID-19 revelan la multidimensionalidad, crudeza y permanencia de situaciones de vulnerabilidad antes las cuales, los sistemas educativos se enfrentan a la necesidad de profundizar en el concepto, los contenidos y los alcances de la inclusión bajo una visión de conjunto. 

Precisamente a la luz de repensar la inclusión en educación, el 22 de junio pasado, la sede central de la UNESCO, la Universidad de Manchester y la Oficina Internacional de Educación de la UNESCO (OIE-UNESCO), organizaron el webinario “Garantizar la enseñanza y el aprendizaje inclusivos para la recuperación educativa: Formas prácticas de avanzar” con el objetivo de centrarse en “lo que se debe hacer para mejorar la enseñanza y el aprendizaje de una manera inclusiva y en las contribuciones del personal docente a medida que las escuelas reabren” (UNESCO, 2021). El debate se centra en torno a como los educadores pueden ser empoderados, formados, apreciados y apoyados para efectivamente incluir genuinamente a cada alumno. 

El webinario convocó a referentes y hacedores de la inclusión, que proceden de diferentes regiones, y en particular se presentaron las experiencias que llevan a cabo comprometidos educadores de países tan diversos como Bangladesh, Chile, Marruecos, Reino Unido, Sudáfrica y Zambia. Ciertamente el intercambio a escala mundial entre educadores estimula un multilateralismo enfocado en la búsqueda de respuestas comunes frente a problemáticas universales a sabiendas que la educación es una permanente y evolvente construcción colectiva que congenia miradas globales y abiertas con respuestas localmente pertinentes y sostenibles. 

El común denominador a todas las presentaciones fue la fuerte adhesión al principio “todos los y las estudiantes cuentan, y cuentan por igual” que es el buque insignia del documento de política producido por la UNESCO “Guía para asegurar la inclusión y la equidad en la educación” (2017). La inclusión implica esencialmente la remoción de barreras existentes de dentro y fuera de los sistemas educativos que le permita darle a cada alumno una oportunidad real de educarse y de aprender.

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Los educadores de los seis países mencionados inventariaron las cuestiones esenciales que nos deben importar para avanzar hacia mayores niveles de inclusión. Por un lado, se hizo mención a los alumnos, a los educadores, a las comunidades, a las familias y a los centros educativos; y, por otro lado, a la colaboración, a la creatividad, a la contextualización y a las redes/comunidades de práctica. Ciertamente sigue siendo un desafío central como se conectan estas preocupaciones bajo una visión sistémica que tenga sentido y relevancia.

Precisamente la pandemia visibiliza aun más las limitaciones de enfoques fragmentados que priorizan un actor, una institución, un tema o un enfoque como un “caprichoso” intento de delimitar un campo de intervención o de acción aislado del efecto de otros factores. Difícilmente se puede lograr una genuina inclusión de cada alumno si a la vez, no se repara, por ejemplo, en conocer en profundidad como los educadores entienden, actúan y se responsabilizan frente a desafíos en torno a la inclusión. O bien cómo las familias reaccionan ante la posibilidad que sus hijos aprendan en aulas con una composición heterogénea de alumnos en perfiles, capacidades y contextos. 

Las presentaciones realizadas por los especialistas en inclusión nos permiten identificar seis ideas fuerza que pueden contribuir a reposicionar la educación inclusiva como el espíritu y la materia de la educación y de los sistemas educativos. La referencia a inclusión implica entenderla en la doble dimensión de la inclusión en educación y de sus sinergias con la inclusión cultural y social, y de la educación inclusiva como estrategia transversal – institucional, curricular, pedagógica y docente - del sistema educativo en su conjunto. Veamos cada una de estas ideas fuerza.

La primera de las ideas fuerza reafirma que la inclusión implica la personalización de la educación para atender precisamente las múltiples caras de la diversidad que es a la vez individual, cultural, social e identitaria, entre otras dimensiones fundamentales. La personalización de la educación no implica el aislamiento del alumno de los espacios colectivos de aprendizaje sino reconocer sus expectativas y necesidades específicas de aprendizaje que pueden apuntalarse en los espacios presenciales y virtuales del aula a través de un repertorio de actividades individuales y grupales sincrónicas y asincrónicas.

Asimismo, la personalización se inscribe en objetivos universales de formación para todos los alumnos que son precisamente garante de una educación sustentada en igualdad de sentido y proyección, y que fortalece su entendimiento como bien común. 

La segunda de las ideas fuerza abona en favor de un currículum inclusivo empático y participativo que, en definitiva, es la manera de darle sentido, contenido y sostenibilidad a la formación de las nuevas generaciones a la luz de imaginarios que reflejen ideales y aspiraciones de la sociedad en su conjunto.

Los expertos remarcaron que el currículum tiene que, por un lado, conectar con y promover la participación plural y abierta de diversidad de actores e instituciones como sostén insoslayable de su legitimidad, y por otro, ser amigable, cercano e inclusivo de las preocupaciones de educadores y alumnos. Un currículo inclusivo empodera a los educadores para que asuman su cuota parte de responsabilidad en su diseño, desarrollo y concreción, mientras que, a la vez, confiere protagonismo y responsabilidad a los alumnos en el armado y desarrollo de su rutero personalizado de formación.

La tercera de las ideas fuerza se relaciona a la apropiación de la tecnología como recurso comunitario que permite, por un lado, conectar sensibilidades, ideas, temas, áreas de aprendizaje y disciplinas, y por otro, fortalecer los lazos entre alumnos, educadores, familias y comunidades mancomunados en democratizar y facilitar oportunidades y procesos de aprendizaje.

El enfoque comunitario de la tecnología es un fuerte disparador para repensar los modos y las estrategias educativas desde centros educativos con vocación de diálogo y de apertura a la sociedad, y, asimismo, considerar la diversidad de recursos tecnológicos que tienen sentido y aceptación en cada contexto.

La inclusión no solo supone el acceso indiferenciado a recursos tecnológicos sino esencialmente direccionar las tecnologías hacia promover las competencias de alumnos y educadores para un uso proactivo, ingenioso y disruptivo de las mismas atendiendo las especificidades de cada contexto.

La cuarta de las ideas fuerza enfatiza la relevancia que tiene el conocimiento, el aprendizaje, la colaboración, la confianza y la escucha entre pares – educadores y alumnos – para idear y sostener procesos y prácticas de enseñanza, aprendizaje y evaluación inclusivos. Los pares pueden potenciarse mutuamente bajo el entendido que todos necesitamos ser apuntalados, y a la vez, podemos ayudar a los demás. Las redes de centros educativo, las comunidades de práctica docente y el trabajo colaborativo entre alumnos para responder a desafíos globales y locales, son algunos ejemplos a destacar.

La quinta de las ideas fuerza, asociada a la anterior, implica la movilización horizontal de conocimientos e ideas que están en cada persona pero que muchas veces, no se conocen ni se trabajan colectivamente. 

Una buena parte de las respuestas a los desafíos de la inclusión yace en hacer visible y promover la circulación de propuestas que no se socializan y que quedan en los confines del aula y de un educador en particular. A veces se dice que están en las mentes y en las prácticas de los educadores, pero no se documentan ni se comparten. El desafío parece residir en cómo los sistemas educativos alientan que el conocimiento navegue y fluya entre centros educativos, educadores y alumnos, así como entre niveles, ofertas y ambientes de aprendizaje sin barreras.

Por ejemplo, el Partenariado por el Aprendizaje enmarcado en la estrategia de recuperación educativa del distrito del Gran Manchester (Inglaterra, 2020), implementa una estrategia colaborativa entre centros educativos en base a tres componentes: (i) tríos de escuelas entendidas como aprendices en la acción, que atienden poblaciones similares y que se localizan en diferentes zonas; (ii) cada trío comparte experiencias e ideas en línea sobre como mejorar la presencia, la participación y el progreso de todos los alumnos; y (iii) los resúmenes de prometedoras prácticas que emergen de los tríos son compartidos con otras escuelas a través de encuentros presenciales y en línea (Ainscow, 2021).  

La sexta de las ideas fuerza refiere a la transformación de los centros educativos intramuros, en espacios de formación a lo largo y ancho de toda la vida para facilitar oportunidades de aprendizaje desde cero a siempre. 

La inclusión se visualiza como una dimensión societal comunitaria que facilita que las personas puedan formarse en diversidad de espacios y a todo momento removiendo barreras y sin apriorismos sobre su potencial. Se sabe que la inclusión es apuntalar el potencial de excelencia de cada persona liberado de prejuicios. 

Ya no sería sólo la inclusión visualizada por niveles u ofertas o por accesibilidad sino en términos de los objetivos, los procesos y los resultados de aprendizaje que marcan el rutero personalizado de cada alumno entendido y valorizado como persona. 

La inclusión dejaría de tener un enfoque hegemónico categorial, bajo el amplio y muchas veces discriminatorio paraguas de necesidades educativas especiales, para transformarse en una respuesta personalizada, humanizadora y respetuosa de cada persona como un ser especial, único e indivisible (Morin, 2020). 

Las seis ideas fuerza esbozadas – inclusión como personalización, un currículum inclusivo empático y participativo, la tecnología como recurso comunitario, los aprendizajes entre pares, la movilización horizontal del conocimiento y de las ideas y la visualización de los centros educativos como espacios de formación a lo largo de toda la vida – surgen de educadores que reflexionan sobre sus prácticas y aportan evidencia de cómo se puede avanzar en inclusión. La interrogante queda planteada en torno a cómo los sistemas educativos se abren a estimular, documentar, compartir y escalar las iniciativas que se generan desde un abajo inquieto y propositivo.

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