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Tata González: "Nunca le des a un técnico la opción que termine con tu carrera de una"

Álvaro “Tata” González jugó 72 partidos con la celeste y pese a que quedó afuera de la lista de Sudáfrica, lo vivió como hincha y después jugó tres Copas América, un Mundial y la Copa Confederaciones, y disfrutó de 12 años inolvidables con la celeste

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21 de septiembre de 2020 a las 05:01

Los 72 partidos que jugó en 11 años en la selección (entre 2006 y 2017), las tres Copas América que lo tuvieron como protagonista (2011 campeón, 2015 y 2016), el Mundial de 2014 y la Copa Confederaciones 2013, es un registro que a cualquier futbolista le gustaría recitar como presentación de su recorrido por el fútbol.

A los 35 años, en Defensor Sporting, donde nació, creció, se consolidó antes de emigrar, y al que este año volvió para sumar desde su experiencia, sigue disfrutando el fútbol con la alegría de los primeros días, incluso cuando su carrera estuvo marcada por una característica: pelearla siempre desde atrás.

¿Qué queda de aquel chiquilín que con 11 años llegó a Defensor Sporting?

¡Tantas cosas! Pero sobre todo cómo llegué al club. Me llevó el técnico de la Liga Capurro, Alfredo Protasio. Me dijo que iba a jugar al fútbol, que había un partido. Nunca me comentó que iba a probarme a Defensor, seguramente para que estuviera tranquilo. Jugamos. Le gusté al profe (César) Santos, que era el encargado de la escuelita de Defensor y me dijeron que volviera al siguiente lunes. Así comenzó la historia en el club.

¿Cómo se explica, después de ese comienzo, que el resto haya sido difícil en su carrera?

En el baby me destaqué porque el nivel es otro, pero en Defensor, que es una selección de los mejores de todas las ligas ya no fue igual porque yo era bastante chico de físico y me costó hacerme espacios. Me veían condiciones, pero me costaba ganarme un lugar y jugar. No sabés lo que me costó jugar. ¡Pufff! Me costó mucho. Entre Séptima y Cuarta no jugué. Recién empecé a jugar en Cuarta. Antes iba al banco sistemáticamente. Recuerdo que en Séptima y Sexta, (Gustavo) Ferrín, que era el técnico, me decía que no jugaba por falta de desarrollo y que luego me iba a equiparar con el resto. Pero en ese momento, querés jugar. Fue en Cuarta, con Juan Tejera, cuando empecé a jugar, y allí se aceleró el proceso. En Tercera empecé a integrar planteles de Primera y llegó el debut con Ahuntchain en Primera.

Ferrín le dijo que tuviera paciencia.

Sí. Solía decirlo delante del grupo, que destacaba lo que me sucedía a mí. Mis compañeros, el Zurdo Lamas, el Monito Pereira, el Facha Ferreira, que era de la generación anterior, se acuerdan y se ríen cuando cuentan que Ferrín siempre se refería a mi perseverancia, que si me tenía que comer dos tomates me comía seis y una y otra vez me ponía como ejemplo, y yo me reía porque los lunes era el ejemplo siempre y los sábados no jugaba nunca (se ríe).

¿Esas experiencias deben dejar enseñanzas?

Sin dudas. Todo eso me hizo fuerte. Me preparó para lo que es el fútbol en toda la carrera, porque en todos los equipos en los que estuve y en la selección tuve que luchar para hacerme un lugar. Hasta el día de hoy en Defensor, ninguno tiene el puesto asegurado. Eso fue una virtud que tuve a lo largo de mi carrera, porque supe hacerme espacio en los equipos.

Cuando era el ejemplo de los lunes y el suplente de los sábados, ¿pensó en largar todo?

Sí. Hubo un partido, cuando estaba un poco saturado de la situación. En un momento me pesaba mucho que llegara el fin de semana y que no tuviera participación. Pero había que ver lo que era aquella generación. Estaban el Monito Pereira, Miguel Amado, que había llegado de Rivera y la rompía, Nicolás Amodio. En Defensor es difícil tener un lugar por la calidad de las formativas. Fue así que un día en la cancha de Albion terminó un partido, no había jugado, y mis padres, que nunca fueron de meterse, jamás gritaron ni se ofuscaron por nada, al contrario, siempre me apoyaron muchísimo, pero ese día me acuerdo que se habían frustrado ellos también porque veían que no jugaba y que yo me ponía mal. Ese día fue clave la madre del Monito Pereira que les dijo que tuvieran un poco más de paciencia en Defensor antes de que me llevaran a otro lado. Tuvieron paciencia, y cuando llegué a la Cuarta cambió todo.

"Desde 2010, la ilusión que genera Uruguay cuando sale a la cancha es muy especial"

¿Qué pasó? ¿Creció?

Sí. Físicamenta estaba a la par del resto y llegó un técnico que me dio la oportunidad.

Contó esta experiencia en los equipos en los que jugó, a los más jóvenes, porque se suele decir que la frustración corta muchas carreras de futbolistas.

Siempre que tengo oportunidad en charlas que lo permiten trato de contarlo para que sirva para quienes pueden sentirse en una situación como la que me tocó vivir a mí. Para que sepan que se puede llegar con paciencia, perseverancia y trabajo. Estuve en algunas charlas en la escuelita de Defensor, en su momento con el profe Santos. Hablábamos con los niños. También me pasó de trasladarlo a los más jóvenes en otros lados. Tuve charlas en las juveniles de Boston River, donde trabaja mi hermano. Siempre que hablo con adolescentes y niños les digo que si quieren triunfar, si les gusta el fútbol, si quieren ser futbolistas con suceso deben prepararse para jugar, para no jugar, para ir al banco, para no ser elegidos por el técnico y, lo más importante, que nunca le den la opción a un técnico que termine con tu carrera de una. Así como hoy uno no te quiere, mañana llega otro y sos el mejor para él. O te vas a otro equipo y a partir de ahí nace una carrera inesperada, como le pasó a Godín, que fue parecido a lo que me sucedió a mí. Godín se fue de Defensor Sporting porque no jugaba, llegó a Cerro, a los dos años era capitán y a los tres años pasó a Nacional, ¡y mirá la carrera que hizo! Hay que estar pronto, porque tarde o temprano llega la oportunidad y ahí depende de cada uno, y para aprovecharla hay que estar preparado y entrenado.

Le sucedió en la selección.

También. En la selección, y en cada lado que estuve, pero estimo que no debe ser una cosa mía, le debe suceder a muchos jugadores. De todas formas, si era difícil ganarme un lugar en Defensor, un espacio en la selección, que es para unos pocos privilegiados que tienen esa oportunidad… ¡imaginate! Fue muy difícil, y me costó alguna de las angustias más grandes que tuve, como quedar afuera del Mundial de Sudáfrica, pero a través de la misma convicción un año después estaba levantando la Copa América en Argentina, jugué otras dos Copas América y un Mundial. Fueron experiencias inolvidables.

¿Se acuerda del corte de Sudáfrica?

Sí, claro. No me olvidaré jamás. No te hacés una idea los nervios que tenía ese día. Y de aquel momento no solo me acuerdo lo que sufrí yo, sino del dolor de mis compañeros. Quedamos afuera tres, y de esos tres era el único que estuvo en casi todas las Eliminatorias y en el repechaje con Costa Rica, por eso ese día sentí el dolor de mis compañeros. Lo acepté. Era una elección que el técnico debía tomar. Había tres que iban a tener ese destino. Más adelante me pasó ser parte de los que quedamos y sentí el mismo dolor por los que se iban. Luego de aquella salida del equipo para Sudáfrica fui un hincha más y me sentí parte de todo lo que sucedió en el Mundial, porque me sentí parte de ese grupo y el logro que tuvieron lo disfruté muchísimo. Sobre todo porque aquello fue un sacudón que tuvo este proceso, que generó un cariño que levantó a la gente. Fue único lo que nos tocó y lo que me tocó vivir, porque lo viví como hincha yendo a 18 de Julio.

¿A 18 de Julio?

Sí. Fui a 18. Festejé como todos. Me embanderé y salí a celebrar, porque a partir de ahí hubo un clic que le devolvió al uruguayo eso hermoso que se siente como hincha de la selección. Porque me acuerdo de mi niñez, de andar con la camiseta de Nacional, mis amigos con la de Peñarol, pero no nos poníamos la de la selección. Eso cambió. Hoy la que más se usa es la de Muslera, la de Suárez, la de Edi, la camiseta de Uruguay. Eso es lo más lindo. Generó identidad. Desde 2010, la ilusión que genera Uruguay cuando sale a la cancha es muy especial. Y saber que le podés ganar al más poderoso, es de lo más hermoso que te puede ocurrir como hincha. Ni te cuento cómo se siente eso como jugador.

"El día que quedé afuera del Mundial de Sudáfrica 2010 sentí el dolor de mis compañeros"

En definitiva, y vuelvo a lo del comienzo, el secreto de su recorrido como futbolista profesional pasó por la perseverancia, paciencia, no darse por vencido…

Por el convencimiento de saber que cuando me dieran la oportunidad la iba a aprovechar. Repasaba para atrás y pensaba: en la Copa América de 2011 integré el plantel, fui al banco en el primer partido y en el segundo entré por la lesión de Edi (Cavani), y terminé siendo titular. En la Copa Confederaciones, en el primer partido fui al banco, el equipo no anduvo y me metí para el segundo encuentro y jugué el resto del torneo. En el Mundial de Brasil, en el primer partido con Costa Rica no estuve en el 11, no nos fue bien e ingresé para el segundo y estuve hasta el partido con Colombia (el último que jugó Uruguay). Nunca fui titular indiscutido pero me lo ganaba con paciencia y convencimiento. Fue así. Una y otra vez. Siempre tenía como una pulseada contra eso, y tenía el orgullo de ganarla y terminar jugando. Era una pulseada imaginara, que no se veía, pero que me motivaba. Una pulseada con gente que decía antes de los mundiales  o de la Copa América, “Tata, ¿te parece que vas a jugar?”. Y al regreso, te decían, “creía que vos no tenías que estar, pero anduviste muy bien”. Esas fueron las mayores gratificaciones. O cruzarte con hinchas de Peñarol que te decían, “yo soy manya, pero anduviste bien”. Son cosas que me fueron alimentando, porque necesitaba eso para demostrar que tenía razón el Maestro cuando me convocaba. Todo eso alimentaba mi confianza. Porque la confianza que más necesitaba era la mía. Luego, que mucha gente lo reconociera me daba mucho orgullo.

Y así pasaron 72 partidos, tres Copas América, un Mundial…

En 2010 me pasó que la prensa pedía jugadores que fueron al Mundial que, por alguna razón, no pudieron responder, y luego la gente los crucificó. Yo sabía que haciendo bien las cosas, tendría una oportunidad, porque el Maestro confiaba en mí. Él veía mi trabajo. Y a la larga me terminó yendo muy bien. Lo que siempre me sucedió fue que me sentía un jugador fuera del Complejo Celeste, y cuando pisaba el Complejo se me inflaba el pecho por todo lo que hay allí. Te lo puedo decir con propiedad: siempre que iba a la selección sentía que estaba para merecer eso y que no iba a desentonar. Ni te cuento cuando teníamos rivales con una vara alta. ¡Esos eran los que me gustaban! Me encantaba jugar contra Neymar o Messi. Eran grandes desafíos, eran esos desafíos que mantenían mi rendimiento bien alto. Me motivaba más. Capaz que jugaba con un rival de menos renombre y me complicaba, pero contra estos monstruos me las ingeniaba para hacer el mejor partido, porque son momentos en los que tenés que sacar el máximo, o la pasás horrible.

¿En algún momento le molestaron aquellos comentarios que decían que no podía jugar en la selección?

Y sí. En el momento me molestaba. Nunca entendí las críticas después de una buena Copa América o de andar bien en el Mundial. Quienes más sufren todo eso son la familia y los amigos. Yo no tanto porque tenía la opción de defenderme con mi rendimiento en la cancha.

¿En algún momento habló con Tabárez sobre los cuestionamientos que recibía desde afuera?

Nunca.

Si le pido un recuerdo o anécdota de la primera gira que hizo con la selección en 2006. Me diría que…

Son tantos y así a la carrera no me sale ninguna. Jugar con Pablo García, el Chino Recoba, Darío Rodríguez, los históricos. ¡Ah, sí! Le cuento una: la inconsciencia de muchos de nosotros cuando llegamos a la selección. Me acuerdo de Sebita Fernández que era un niño cuando lo citaron en ese 2006, que andaba con Juan Surraco subiéndose a los carritos en los aeropuertos y jugaban a chocarse, y Tabárez estaba ahí mirando. Decíamos, “estos están locos”.

"La madre del Monito Pereira les dijo que tuvieran un poco más de paciencia en Defensor antes de que me llevaran a otro lado"

¿Y de Boca?

Todo lo que jugamos. El Mundial de Clubes. O la noche previa a los partidos importantes, cuando los hinchas iban a alentar y hacer sentir el apoyo en el hotel, y te generaban presión. Imaginate lo que era eso para mí. ¡Yo había ido de Defensor a Boca! Son vivencias que quedan para toda la vida. Recuerdo una de las veces que fue la barra, y a cuál de todos más ‘fieros’ si te cruzabas en la calle. Ese día fueron al subsuelo del hotel y empiezaron a decir, ‘¿quién falta? ¿Quién falta?’, y uno dice en tono enojado: “¡Falta el uruguayo!”. Y yo, tímidamente, dije: ‘Yo estoy acá’. Pero el uruguayo que buscaban no era yo, era Carlitos Bueno que no había bajado.

¿En Nacional?

Cumplí un sueño como hincha. La primera vez volvía de Boca, tras una lesión. En la segunda etapa, de Europa. Deportivamente no fueron etapas que recuerde con tanto cariño, pero sí con la emoción de jugar para el club del que sos hincha. Entiendo que estuve en momentos equivocados. Cuando volví de Boca en 2009-2010, esa temporada me quedo afuera del Mundial de Sudáfrica, y en esta última etapa fue la que me dejó afuera del Mundial 2018. Si estaba jugando o con cierta regularidad en algún otro equipo, después de haber jugado Eliminatorias y con la confianza del Maestro, podía haber ido. Pero tuve la mala suerte que (en 2018) me dirigió un técnico que se ensañó conmigo y sin jugar o alternar en Nacional era imposible llegar al Mundial.

¿Por qué vino a Nacional?

La salida de Lazio era difícil. Los equipos que me querían tenían que ir a pleito con Lazio. Entre ellos estaba Sao Paulo, pero no quería enfrentarse a un posible potencial comprador europeo. Allí los dirigentes de Nacional me respaldaron, me apoyaron y me contrataron a pesar de lo que podía venir.

¿Habló con Medina sobre el tema?

Tuve un par de conversaciones, pero nunca terminé de entender. No hay mucha explicación para eso. Nunca me dio una explicación válida para no integrar planteles o no tener minutos. Pasaron seis meses si ninguna oportunidad, y no es normal.

"En todos los equipos en los que estuve y en la selección, tuve que luchar para hacerme un lugar"

¿Lo entendió?

No.

¿Qué recuerdo le dejó Italia?

Fueron los años más lindos de mi carrera, jugando en un equipo grande como Lazio, viviendo en Roma, formando mi familia. Ganando cosas importante como la Coppa Italia ante Roma. ¿Una anécdota? Cuando llegué había varios volantes en mi puesto, y era muy difícil meterme en el equipo, pero vi que había un solo lateral derecho, así que hablé con el técnico y le dije que si quería le podía dar una mano como lateral. Me tenía una fe bárbara. Lo que es la inconsciencia, porque el lateral derecho era el mejor del fútbol italiano (Stephan Lichsteiner). Ya en el segundo año era el segundo con más partido.

¿Después de su etapa como futbolista qué sigue?

Estoy pensando en hacer el curso de entrenador. Es una posibilidad, aunque me gusta más la gerencia deportiva. En Uruguay recién ahora se está comenzando a tener en cuenta al gerente deportivo. En Europa es el que arma los planteles. Me veo más en eso que dirigiendo.

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