Fútbol > EL TAPADO DE LA FECHA

Thiago Borbas, la promesa de River cuya abuela quiere que sea como Cavani

Thiago Borbas entró sobre el final en River y le rompió el arco a Defensor; creció en el club con Arezo, estuvo un mes en la burbuja sanitaria, fue preseleccionado sub 20 y su abuela quiere que vuelva al pelo largo para parecerse a Cavani

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02 de febrero de 2021 a las 05:04

El liceo no le gustaba y en los recreos se quedaba jugando con los más grandes, no entraba a clase y lo llenaron de observaciones. El adscripto lo iba a buscar, pero él no volvía a las aulas. Estaba en segundo del Liceo San José de la Providencia que su mamá Ana pagaba con puntualidad. A Thiago Borbas –figura y autor de un gol para River Plate ante Defensor Sporting el domingo– le quedaba relativamente cerca de su barrio de toda la vida, el Cerro, pero no pudo volver.

El enojo de su madre lo recuerda hasta hoy como una de las peores cosas que le pasaron en la vida. Por eso y por el esfuerzo que hicieron tanto ella como su abuela, este año, ya con 18, quiere continuar con los estudios.

“Ver a mi madre enojada me puso mal, tenía la cabeza en otro lado. Me arrepiento de todo lo que hice”, explica Borbas a Referí.

Su padre Julio se fue a Buenos Aires a trabajar de chofer de ómnibus cuando él era chico. Luego lo hizo como remisero y hoy volvió a Montevideo y maneja un taxi.

De aquel club Zorzal del baby fútbol del Cerro, lo fueron a buscar de River. La primera vez, no se quedó porque le faltaba terminar el baby. Cuatro meses después, el darsenero, que fue el club de toda su vida y en el que realizó toda la escalera hacia Primera, lo fue a buscar nuevamente y allí se quedó. Pablo Cuello fue quien lo captó.

Mientras ascendía en su juego y pasó a Cuarta división, solo pudo estar dos días. Solo dos días. ¿Por qué? Porque lo llamaron para realizar la pretemporada con Primera división a comienzos del año pasado.

“(El gerente deportivo Leonardo) Rumbo me mandó un mensaje para entrenar con el primer equipo con Jorge Fossati. Estaba con mi madre y fue un orgullo enorme, no sabía que era la pretemporada. Pensé que era entrenar solo ese lunes y volver a Cuarta. No llevé ropa ni cosas personales para la concentración y entonces le tuve que pedir a mi madre que me llevara todo para irme. Fue todo una sorpresa y nos abrazamos con mi vieja en ese momento”, recuerda.

Conocía a Adrián Leites del barrio, y a Matías Arezo con el que alternó en Preséptima.

“Matías es un crack, es de otro mundo, de otro planeta. Tiene una gran calidad, gran técnica y da gusto verlo jugar. No nos ha tocado jugar juntos oficialmente en Primera”, explica. Y agrega: “En el Complejo Colón le ganamos 2-1 a la sub 16 de Peñarol, él hizo un gol y yo hice el otro. Él me dio la asistencia. Ojalá se dé juntarnos cuanto antes en Primera”.

Entre su madre y su abuela Delia fueron construyendo su carrera en el fútbol y hoy tiene muy claro que está donde está gracias a ellas.

“Mi vieja hizo muchos sacrificios para que llegara. Trabajaba en el Hospital Maciel en la parte administrativa y para mi abuela, siempre fui como un protegido, otro pilar muy importante para mí”, explica.

Pero en esos años, cuando abandonó el liceo, su madre no quería que jugara al fútbol. “Yo sabía que estaba mal lo que había hecho en el liceo, pero estaba en una etapa fatal, me portaba mal, no le hacía caso a mi madre”.

River le buscó una opción con el programa Gol al Futuro y le encontraron un lugar en UTU para estudiar. Fue, pero no comenzó el curso, no le gustó.

Claro que él se manejaba de la forma más profesional pese a ser aún un niño de 12 o 13 años. “Tenía amigos que tomaban, fumaban y yo no iba nunca por ese camino. En ese sentido fui derecho, me centraba y quería ser jugador de fútbol. No salía de madrugada los fines de semana y fui solo a un cumpleaños de 15”.

El 10 de octubre pasado jugaban en el Paladino ante Progreso. Ingresó a los 79 minutos y 5’ después, convirtió su primer gol para darle el triunfo 2-1 a su equipo.

“Tenía ganas de llorar de la emoción. Por la pandemia y por el hecho de que no pueden ir hinchas o familiares, no estaba mi madre. Me hubiera encantado que estuviera. Fue el día más feliz de mi vida deportiva”, comentó.

Gustavo Ferreyra lo convocó para la preselección sub 20 y fue cinco entrenamientos y amistosos al Complejo Uruguay Celeste. Pero otra vez la pandemia suspendió el Sudamericano y las prácticas no continuaron.

“Lo saludé a Tabárez en el Complejo y él nos iba a ver a los amistosos. Ver al Maestro me hacía recordar todo lo que yo pensaba de chico de él, cuando lo miraba por la tele. No podía creer que estuviera al lado mío y charláramos”.

Es que el Mundial de Sudáfrica 2010 lo marcó porque era la época en la que comenzó a entender un poco más de fútbol debido a su edad.

Entonces tiene como ídolos a Cavani, Suárez y Forlán, los tres delanteros, como él. “Son referencia para mí. En el mundo, me gustan Lautaro Martínez, Haaland, Lewandowski, pero me quedo siempre con Suárez y Cavani: tienen la sangre uruguaya y una entrega tremendas. La actitud no se negocia”, subraya.

Con River descubrió, entre otras cosas, cómo es viajar en avión. Nunca lo había hecho. Jugó la Copa Sudamericana ante Atlético Grau de Perú, Atlético Nacional de Colombia y Universidad Católica de Chile, y hacia allá fue.

“Fue especial porque nunca había viajado en avión. El primer viaje no tuve miedo, pero cuando fuimos a Colombia empezó la turbulencia y me asusté bastante”.

Si superaban contra los colombianos, debían entrar en una prolongada burbuja sanitaria debido al covid-19. “Estuvimos casi un mes en un hotel y pasábamos los ratos jugando a la Play, a las cartas, nos reuníamos en el yacuzzi y lo íbamos llevando, pero extrañaba mucho a mi madre, a mi abuela y a mi novia Paula”. Con ella conviven desde hace un buen tiempo.

En el festejo del gol ante Defensor Sporting del domingo, hizo la M con la mano, por una de sus hermanas quien tiene por segundo nombre Milena y por su propia novia que casualmente también tiene ese segundo nombre: “Mi hermana tiene 13 años y la sorprendí con ese festejo. No se lo esperaba”.

Aquellas épocas en las que se tomaba dos ómnibus para llegar a la práctica desde el Cerro hasta Colón y allí lo levantaba un ómnibus de River para llevarlo al complejo, quedaron atrás. Fueron horas y horas de viajes a las prácticas. Hoy aún no tiene auto, pero lo lleva su compañero Santiago Pérez quien vive a siete cuadras de su casa.

Cuando cobró el primer sueldo, su madre le dijo que lo guardara. No quiere que le dé dinero. Entonces le regala todas las camisetas que utiliza, incluso con la que fue campeón del Apertura con la Quinta de José "Nito" Puente. “La del domingo la cambié con Matías Ocampo de Defensor que hizo el baby fútbol en Zorzal conmigo y compartimos la sub 20”.

Admite que Fossati lo va “llevando de a poco, me guía”. También los referentes en su puesto como Juan Manuel Olivera y Matías Alonso a los más chicos como él, les dicen cosas para mejorar. “Es algo bueno que tiene el plantel”.

La abuela Delia tiene un lugar guardado en su corazón. “Ella quiere que sea como Cavani, lo ama. Yo de chico tenía el pelo largo y hace tiempo que lo llevo corto. Entonces me dice que me lo deje largo como él”.

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