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26 de febrero de 2012 22:41 hs

Para Jorge Soto el ciclismo es vocación. No tuvo ningún familiar que lo empujase a la actividad. Y sin embargo, a los seis años se enganchó para siempre en las carreras que se organizaban en su natal Salto.

“Es raro”, le comenta con una sonrisa distendida a El Observador. Es la hora 14.30 y ya hace dos que ganó por segundo año consecutivo Rutas de América.

Después de miles de abrazos y besos desconocidos, frases de ocasión para el amontonamiento de micrófonos, fotos, desfile de mallas y copas levantadas, al hombre se lo llevaron de apuro al control antidopaje.

Vuelve a pura bocina a la sede de Policía Caminera para bañarse y retornar a Flores almorzando en la camioneta.

Antes de la nota otra foto. “Hace horas que te esperamos”, le dicen dos muchachos. Soto, triunfante, vuelve a levantar el pulgar y a sonreír. Su esposa Luciana murmura con un reproche cargado de felicidad: “¿por qué pone esa cara para las fotos?”.

Será porque la felicidad de Soto le puede a su timidez.

El triunfo, fresco, evoca sus recuerdos: “Mi padre y un amigo me llevaban a aquellas carreras en Salto. Hice todo el Codecam (Consejo de categoría menores) y en 2004 fui a mi primer Panamericano, en Chile, en categoría junior”, cuenta.

Un año después ganó sus primeras medallas para Uruguay. Fue en el Panamericano sub 23 de Mar del Plata. Se trajo plata en contrarreloj y ruta.

Debutó en Villa Teresa compartiendo equipo nada menos que con Federico Moreira, Miguel Direna, Jorge Bravo y Alen Reyes. Después pasó a Fénix.

En 2006 le dieron una beca por sus medallas panamericanas y se fue a entrenar a Suiza. Fue por un mes y se quedó por un año y medio.

Llegó a Porongos el año pasado coronándose campeón de Rutas de América por primera vez. Ayer hizo bis.

“La carrera se fue dando de a poco, el segundo día ya estaba más afianzado. Perder la malla en la crono (viernes) fue un golpe duro pero por suerte se pudo salir adelante para recuperarla. Fue medio chocante porque no me lo esperaba pero se pudo revertir”, expresa.

“Fue clave bonificar en casi todas las especiales”, agrega.

Soto comparte equipo con un ciclista de calidad como el argentino Matías Médici.

“Se sabía de antemano que yo tengo más velocidad para definir y bonificar y en una contrarreloj tan corta (17,2 kilómetros) se iba a notar eso”, explica.

Médici ganó la contrarreloj pero segundo se coló el joven valor de Alas Rojas, Alan Presa, que lo desplazó en la general.

El sábado, Soto se tuvo que esforzar en los premios especiales para recuperar la malla blanca.

Este triunfo lo confirma como el mejor ciclista de la actualidad.

El año pasado, tras ganar Rutas y sumar puntos en otras pruebas del Tour Latinoamericano, Soto le dio a Uruguay un cupo invitacional otorgado por la UCI.

El cupo se otorgó al país, no al ciclista.

La voz de Soto se vuelve ilusión en estado puro al escuchar Londres 2012: “Voy a hacer todo para estar”.

Sabe que para eso necesita la designación del cuerpo técnico de la selección y la confirmación de las autoridades de su federación.

Sabe que el Panamericano de Mar del Plata, que se viene la semana próxima, será una prueba de un nivel más alto. Y que después larga la Vuelta.

“Sería lo más grande de mi carrera”. El deseo vuela. Impulsado por esos brazos en alto que saben como abrazar a la victoria.

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