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14 de febrero 2026 - 23:42hs

“Tener la posesión, pero no olvidar la defensa. Un poco de Francia, un poco de La Teja”. Jonathan Iglesias, uruguayo que de 2014 a 2024 jugó en varios clubes de Francia, utiliza esa frase para definir cómo le gustaría que jueguen sus equipos cuando sea entrenador, días después de anunciar su retiro del fútbol.

La Teja, donde Iglesias se crió y creció, nunca se alejó del jugador que debutó en el club de su barrio, Progreso, y que después de un paso por El Tanque Sisley apareció, de la noche a la mañana, en el Nancy de su compatriota Pablo Correa. “Sigo siendo el mismo”, valoró en una entrevista con Referí, que valora que cada vez que vuelve sus allegados también ven lo mismo, aunque reconoce que agarró algunas costumbres francesas.

Ese joven que pasó de no cobrar durante meses a no creer que estaba entrenando en un complejo europeo se mantuvo durante una década en el fútbol francés. Obtuvo dos ascensos a la Ligue 1, aunque solo pudo disfrutar de la máxima francesa seis meses con el Clermont Foot, al que ayudó a llegar por primera vez a esa categoría.

Luego de pasar por el Guingamp en 2024 estuvo a punto de jugar en la famosa Kings League y pasó por el fútbol semiprofesional español, antes de decidir retirarse. Hoy mira a futuro, con los cursos de técnico y ojeador listos, y con la ilusión de seguir en Europa.

Los comienzos: el baby fútbol lo llevó a hacerse la cédula y su etapa en Progreso lo armó para “poder con todo”

Iglesias es oriundo de La Teja. Hasta los 11 años jugaba en las calles del barrio con sus amigos, luego de llegar de la escuela. Un día, un señor que siempre pasaba por su calle comenzó a verlo jugar desde una cantina. Una vez lo llamó y lo invitó a jugar en el club de baby fútbol Los Magos.

“Le dije que encantado, pero lo único era que no tenía cédula de identidad. Me dijo ‘de eso no te preocupes, yo me encargo’”, recordó, en lo que fue su comienzo en el fútbol, y también el impulso necesario para sacar la cédula.

Dos años después el joven comenzó las juveniles en Progreso, el club de su barrio. Hoy ve muy bien al equipo y sus instalaciones, pero recuerda que durante su etapa juvenil vivió varias carencias. “A veces había un bidón de agua para dos categorías. Muchas veces nos bañábamos con agua fría”, recordó Jonathan, que valoró que esas vivencias son las que luego hacen que los uruguayos salgan “preparados para poder con todo” en el exterior.

Durante esa etapa juvenil compaginaba sus entrenamientos con sus estudios -llegó hasta sexto de liceo- y algunos trabajos con los que buscaba arrimar dinero a su familia. Fue “repartidor de pizzas”, vendió frutas y verduras en las ferias de La Teja y Tristán Narvaja, y hasta fue jardinero en su barrio.

Debutó en primera a los 18 años, contra Deportivo Maldonado en el Domingo Burgueño Miguel, pero siguió haciendo “algunas changas” hasta los 21, cuando pasó a Racing, su primera chance en Primera.

El paso por El Tanque Sisley, con Copa Sudamericana incluida, que lo llevó a Europa

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Tras un paso por el cervecero en el que le faltaron oportunidades Iglesias siente que se reivindicó en Rentistas, con el que ascendió a Primera en 2011/2012. Sin embargo, descendió a la temporada siguiente. De ese trago amargo surgió la oportunidad de El Tanque Sisley. Raúl Moller lo conocía de su paso por Progreso y cuando terminó su contrato con el bicho lo llevó al club de Carrasco.

Iglesias se mantuvo en Primera, pero recordó que pasó momentos “muy, muy difíciles”. Llegaron a no cobrar durante varios meses seguidos, y vivieron la incertidumbre de no saber si jugaban hasta el último día previo al arranque del Campeonato Uruguayo.

También tuvo que lidiar con Freddy Varela, presidente del club. “Era especial. Un día llegaba y venía con una sonrisa, al otro ni te miraba. Un día le fui a preguntar cuándo cobrábamos, porque hace meses no cobrábamos, y me dijo ‘vos negro dedicate a jugar al fútbol que lo hacés muy bien, yo la plata la manejo con tu representante'. De esas hay miles”, expresó Iglesias.

Sin embargo, ese Tanque Sisley fue el que mejor paso tuvo por Primera: peleó un torneo corto contra Nacional y Peñarol, y se clasificó a la Copa Sudamericana 2013. En ese sentido, destacó el rol de Moller y la unión del plantel: “Tuvimos muchas charlas en el vestuario para hacer énfasis en que no había que enojarse con el presidente o perder energía en discutir, sino que estaban los referentes para hacer eso. Nos concentramos más en nosotros”.

Iglesias destacó el pasaje de El Tanque por la Sudamericana, en la que enfrentó a Colo Colo y quedó eliminado con un global de 3-0. Jugó el primer partido en el Franzini, con derrota 1-0, pero estaba recién recuperado de una lesión de meniscos y el DT Osvaldo Canobbio lo dejó en el banco en la vuelta en Chile.

Antes de ese partido, el plantel recibió la visita de Gustavo Zerbino, uno de los sobrevivientes de la tragedia de Los Andes, que motivó al plantel. “Nos dijo que se podía, nos dio ese mensaje de que a veces uno piensa que se termina la vida, que no hay salida, y ellos en esa tragedia tan grande pudieron salir adelante y sobrevivir”.

Los años en Francia: la sorpresa de su pase, el consejo clave de su DT uruguayo y los meses en Primera

A mediados de 2014, meses después de la experiencia internacional, Iglesias le dijo a su representante que sentía que estaba listo para dar un salto en su carrera. Esperaba “un club de media tabla de Uruguay, o probar suerte en un grande”, y su agente comenzó a buscar.

Un martes, rememoró, el representante lo invitó a cenar y le dijo: “Te vas para Francia, al Nancy. Tenés un contrato de un año, un préstamo con opción de compra”. “Estuve toda la cena sin entender nada, en tres días me tenía que ir”, dijo entre risas. El artífice del pase fue el DT uruguayo Pablo Correa, que se interesó en Iglesias a poco de asumir en el club a fines de 2013.

De no cobrar durante meses a Francia. “Me quedaba en el centro de entrenamiento, que era de primer nivel, y pensaba que estaba soñando”, destacó Iglesias, que sufrió al principio la barrera del idioma, sin compañeros latinos, pero empezó a aprender siguiendo el consejo de su entrenador: “Me dijo que si yo quería aprender mis compañeros me iban a ayudar, pero si no quería aprender ellos lo iban a intentar dos veces y después se iban a aburrir”.

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También tuvo que cambiar hábitos y horarios, como los de las comidas. Cenaba a las once de la noche, cuando allí acostumbran a comer a las siete u ocho. El hijo de su representante, que lo acompañó en sus primeros tiempos allí, le advirtió que se tenía que amoldar a los tiempos de ese país porque sino “arrancaba en desventaja”.

En Nancy comenzó jugando pero luego perdió pisada, y tras ascender a la Ligue 1 en la temporada 2015/2016 el club lo dejó libre. Estuvo sin club seis meses, hasta que el Clermont Foot 63 lo fue a buscar para una prueba en el arranque de 2017. Jamás esperó que ese pasaría a ser su club durante cuatro años.

Iglesias destacó que se acostumbró rápidamente a la vida tranquila de la ciudad. Cuando llegó, el club no aspiraba a ascender de la Ligue 2, pero con la llegada del DT Pascal Gastien empezaron a mirar arriba. En 2020 el equipo iba quinto, cerca de los equipos en puestos de ascenso, cuando la pandemia finalizó la Ligue 2 en seco. Iglesias además quedó solo en medio de Clermont durante el encierro, del que solo salía para entrenar con un compañero español que “imprimía varios papeles de salidas de una hora para tener más rato afuera”.

Ese golpe grupal, y esa vida en el coronavirus, motivaron al Clermont en la siguiente temporada, y el club ascendió por primera vez en su historia a la Ligue 1. “Fue increíble, aunque el festejo fue raro, solo 1.000 personas en el estadio. Yo tenía un conocido de una parrilla argentina, y le propuse al presidente que festejáramos con un asado con todos los funcionarios, y dijo que sí. Ahí éramos como 100”, valoró.

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Iglesias valoró el hecho de haber llegado a jugar en la Primera francesa, contra rivales como el PSG, el Lyon y el Olympique de Marsella, pero lamentó que la experiencia durara solo seis meses. “El hijo del DT jugaba en mi puesto. Lo hablé con él cuando tuve que salir, y le dije que a mi entender los motivos fueron personales”, lamentó.

Se fue al Paris FC, lo que significó pasar de una ciudad casi rural a una metrópolis. Su club peleó el ascenso el primer año y el segundo quedó a mitad de tabla, e Iglesias se fue al En Avant Guingamp. Allí contó con pocas oportunidades y quedó libre al año.

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A mediados de 2024 Iglesias viajó a España, con la idea inicial de jugar en la Kings League, la liga de fútbol creada por el streamer Ibai Llanos y el exfutbolista Gerard Piqué. Sin embargo, la modalidad de fútbol 7 y la exposición del torneo no le gustaron, y pasó a jugar en el Vic, un club semiprofesional.

Valoró que esa experiencia le permitió estirar un año más su carrera, pero la cabeza le empezó a pedir otras cosas. Se fue de vacaciones solo, y allí decidió retirarse. Hoy Iglesias espera seguir en el fútbol, como entrenador u ojeador, y en Europa. Si no se da, no descarta ser entrenador personal, porque le gusta “entrenar y motivar a las personas”.

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