Esa mística, de la que son capaces de alcanzar unos pocos elegidos a lo largo de la historia, volvió a brindar una comunión entre los hinchas nacidos en los años 1970 y 1980 y Aguirre en el inicio de este siglo cuando en 2003 volvió como entrenador para ganar el Campeonato Uruguayo, y que luego reforzó una década más tarde con aquella increíble campaña que llevó a los aurinegros al vicecampeonato de la Copa Libertadores 2011, que representó, para ese momento del fútbol uruguayo (mucho más en el actual) un logro a la altura de campeonato, pese a que los uruguayos jamás festejamos segundos puestos.
Así como construyó esa historia de amor incondicional, también esa Fiera indomable del gol agónico y de los títulos como entrenador escribió una página traumática, cuando protagonizó la inesperada y abrupta salida del club en setiembre 2011, que alcanzó para los más fieles niveles de abandono y traición. Finalmente, el tiempo licuó esas sensaciones negativas y Aguirre está de regreso.
Sí, Aguirre está de regreso en Peñarol, en su cuarto pasaje como entrenador luego de debutar en 2003 (ganó el Uruguayo), volvió en 2010 (para ganar su segundo Uruguayo), retornó seis meses después en 2011 para conquista el segundo lugar en la Libertadores y vuelve ahora en un momento muy especial de su vida y en la del club.
En el medio de todo ese proceso, en donde abrió un largo paréntesis de 12 años, se fue por la puerta de atrás luego de la tercera fecha de la temporada 2011-2012, cuando el presidente Juan Pedro Damiani había puesto en marcha un ambicioso proyecto en Peñarol, que años después se terminó consolidando con la formación de los mejores futbolistas del fútbol uruguayo (Federico Valverde, Facundo Pellistri, Darwin Núñez, entre otros).
También, en ese largo paréntesis dejó un asterisco cuando volvió a faltar a su compromiso con el club en 2014, luego de que ayudó con su apoyo a Damiani a que fuera reelecto presidente y días después no aceptó el ofrecimiento formal de ser el técnico de Peñarol.
Los hechos relatados forman parte de su historia llena de luces y con sombras que dejaron huella, pero que, en definitiva, terminan dando paso a los sueños del hincha que renueva sus votos de amor con el ídolo.
Aguirre fue el mejor entrenador de Uruguay, pero cambió gloria por dinero
Cuando en 2002 Aguirre debutó formalmente en Plaza Colonia como técnico en el fútbol profesional comenzó a escribir una historia que no tenía techo.
La Fiera fue el mejor alumno de la revolución que planteó Juan Ramón Carrasco en Uruguay cuando inició su etapa como entrenador en el 2000, en Rocha.
Aguirre, que no fue dirigido por Carrasco pero fue contemporáneo, tuvo la inteligencia y, sobre todo, la capacidad de saber discernir entre lo bueno y lo malo cuando adoptó lo mejor del extraordinario modelo de JR (que marcó un antes y un después en el fútbol uruguayo) y descartó la trampa en la que Carrasco quedó atrapado, por su personalidad.
Aguirre le puso al Peñarol de 2003 y especialmente al de 2010 y 2011 el nuevo estilo de juego que impulsaba la escuela de JR y lo equilibró con el orden defensivo y la disciplina táctica para conseguir el mejor producto dentro del campo de juego. No fue casualidad el vicecampeonato de la Libertadores en 2011.
En 2010, Aguirre fue elegido mejor entrenador del Campeonato Uruguayo en la encuesta Fútbolx100 que organiza El Observador y en la que participa anualmente un centenar de periodistas.
Esa distinción fue el mayor homenaje que pudo recibir el mejor entrenador que había nacido en la primera década de este siglo en Uruguay, superando al maestro, a JR, quien se había hundido en las arenas movedizas de su extraordinaria fórmula.
Aguirre tenía todo en sus manos, pero pagó un precio muy alto a dos situaciones:
1) que se dio contra la muralla de la era Tabárez en la selección uruguaya (permaneció 15 años, entre 2006 y 2021), cuando estaba en un nivel de madurez en el que parecía listo para desembarcar en el combinado;
2) en 2011 eligió la ruta del dinero antes que la de la gloria y se fue al fútbol de Qatar para transformarse en un hombre millonario en términos económicos, pero empobrecido en los futbolísticos.
El gran desafío que le ofrece a Aguirre el fútbol en 2023
Si hay algo que muchas veces ofrece la vida deportiva es revancha, y Aguirre está en presencia de ella.
Con su regreso a Peñarol, la Fiera cierra el paréntesis a su carrera deportiva en Peñarol que abrió en 2011 y regresa para completar su obra en el club.
Este escenario genera para este ciclo el inicio de un proceso de grandes sueños. Esto no quiere decir que estén garantizados los triunfos y los títulos, pero seguro Peñarol estará más cerca de volver a ganar e imponer en el Campeonato Uruguayo y a nivel internacional, que en otras circunstancias.
Sí, me dirás que es arriesgado plantear esto cuando el entrenador empezó el viernes en el Campeón del Siglo su cuarto ciclo en el club con un pobre empate ante Plaza, un equipo que está esperando que le firmen el descenso. Es cierto, pero tampoco le pueden cargar a Aguirre lo que la gestión de Ignacio Ruglio bajo el proyecto deportivo de Pablo Bengoechea no supo resolver en todo 2022, y en los 11 primeros meses de este año en donde tuvo dos entrenadores y, aunque fue campeón del Apertura y lideraba la Tabla Anual, nunca fue capaz de sostenerlos, al punto que Marcelo Broli no aceptó este viaje de arena gruesa y lo tomó Aguirre, el técnico más apropiado para este momento del club.
Aguirre es el mejor entrenador para este Peñarol, aunque no fuera el candidato del presidente (era el de Evaristo González), y el más adecuado para los tres años de la segunda presidencia de Ruglio.
Ahora bien, comienza la era Aguirre y esa es una poderosa señal para aquellos descreídos y desilusionados hinchas de Peñarol, que luego del pasaje de Mauricio Larriera nunca consiguieron encontrar respuestas futbolísticas que le llenaran el alma.
En este escenario, lo primero que necesita Aguirre (aunque es imposible en Peñarol) es que le tengan un poco de paciencia y que la suerte, esa que lo acompañó a lo largo de toda su vida cuando defendió o dirigió a los aurinegros, lo acompañe en estas tres semanas que quedan para definir el Campeonato Uruguayo. Si lo gana, volverá a ser el Aguirre de los milagros. Si no puede llevar a Peñarol a ganar el título de la temporada 2023, tendrán que entender que Liverpool hizo todo lo necesario para ser el campeón, y que la suerte de Aguirre y el instinto ganador habrá quedado por debajo de un proyecto ordenado y bien balanceado como el de los negriazules.
El entrenador tiene espalda. Los hinchas tienen confianza en el que supo llevar a Peñarol a grandes logros. Si Ruglio lo blinda con paciencia, en 2024 comenzará a rodar lo que promete ser un gran proyecto futbolístico para Peñarol.
Es cierto que Aguirre se fue por la puerta de atrás del club con 46 años y en su mejor momento como entrenador, y también es muy cierto que se preparó para esta nueva oportunidad, en la que regresa con 58 en una etapa diferente, maduro, con experiencia, sin el empuje de hace 12 años ni la frescura de ese momento, en donde era capaz de llevarse el mundo por delante, pero ahora está lleno de tiempo (hoy solo le quita el sueño la selección que hasta 2026 tendrá a Marcelo Bielsa, por tanto solo está enfocado en Peñarol), tiene paciencia y, sobre todo, el deseo de completar la obra que dejó inconclusa (o pagar la deuda que dejó con el club, según desde el lugar que se mire la misma historia) en el inicio del Uruguayo 2011-2012, lo que se transforman en suficientes razones como para que Aguirre vuelva a emocionar a los hinchas como ya lo hizo en 1987, 2003, 2010 y 2011.