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30 de marzo 2024 - 5:02hs

Dice el Instituto Nacional de Estadística de España que casi la cuarta parte de los extranjeros de Gondomar son uruguayos. Por eso no es extraño que en ese municipio de Pontevedra, donde nació el padre del actor César Troncoso y el fundador de la extinta red de almacenes Manzanares, haya un bar Montevideo y algún que otro lugareño se pasee con la remera de Peñarol o Nacional.

Ese organismo, cuenta que en Baiona, a escasos kilómetros de Gondomar y a donde se radicó el piragüista olímpico uruguayo Darwin Correa, cada ocho extranjeros hay un uruguayo. No en vano la carnicería Uruguay es una de las más concurridas en un poblado acostumbrado a los frutos de mar y la empanada gallega.

Una proporción similar de uruguayos hay en Nigrán, también en la provincia de Pontevedra. O en Carballo dentro de La Coruña, a donde en su última visita la embajadora de Uruguay en España, Ana Teresa Ayala, proclamó: “Para un uruguayo, estar aquí es estar como en su propia tierra”.

Estos ejemplos recientes —que son parte de una lista más larga de datos estadísticos que procesó el demógrafo Martín Koolhaas y que no toman en cuenta el éxodo más masivo a las grandes ciudades— dan cuenta de las redes que vienen tejiendo los uruguayos en el exterior y que, a pesar de cambios económicos o políticos, reflejan “el carácter estructural de la emigración uruguaya y la histórica alta propensión emigratoria”.

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Al uruguayo se le da por irse. En 2023 —tras 14 años de saldo migratorio positivo y la “significativa” llegada de argentinos, venezolanos y cubanosse fue más gente de Uruguay que la que entró. Así lo demuestran los datos administrativos que recolecta la Dirección Nacional de Migración.

Si bien este dato estadístico por sí solo no refleja un crecimiento de la emigración (en Uruguay no existe un padrón continuo como en España), coincide con las intenciones manifestadas por los uruguayos en las encuestas de opinión pública: cada vez más dicen haber pensado irse a vivir a otro país.

El 31% de los uruguayos pensó en “la posibilidad concreta” de irse a vivir a otro país. Es la cifra más alta desde 1996, cuando el Latinobarómetro comenzó a hacer esta pregunta en sus encuestas. De hecho, es apenas más alta que en 2003 cuando se dio el impacto de la crisis financiera de 2002 (28%).

Los uruguayos tienen, en ese sentido, una intención de emigrar similar a países en crisis como Argentina o Venezuela (aunque no tanto como República Dominicana o Colombia). “En el caso de Venezuela ya se fue demasiada gente, además de que puede haber mayor temor a decir la verdad en la encuesta”, maneja Koolhaas a modo de hipótesis. Pero, más allá de comparaciones, la “alta” cifra de uruguayos que admite haber pensando en irse muestra “que la presencia de familiares y amigos de uruguayos en el exterior tiene larga data y son redes que se activan fácilmente, además de que puede ser que una parte de los que piensan emigrar ya hayan pasado por esa experiencia en el pasado”.

La última dictadura había conjugado el exilio político con la emigración económica (la tablita). Luego de ese proceso, se desplegaron programas orientados a impulsar el retorno. “Las evaluaciones (de esos programas) fueron consideradas positivas (sobre todo) por un impacto cualitativo en la sociedad. Sin embargo, el retorno no tuvo el peso cuantitativo que se esperaba, aun cuando los indicadores económicos y sociales habían mejorado”, había explicado Adela Pellegrino, una de las referentes históricas de los estudios poblacionales en el país.

“Los datos permitieron estimar que la emigración no concluyó con el fin de la dictadura y que algunas de sus causas determinantes continuaban y las redes de migrantes consolidadas mantenían el impulso a la reproducción de la migración”, se explayó la demógrafa.

Una prueba de ello son las intenciones de emigrar de los jóvenes. A fines de la década de 1990, el 37% de los menores de 24 años afirmaban haber pensado en migrar. Una década después el porcentaje había subido al 43%. Y en la última Encuesta de Adolescencia y Juventud el guarismo trepó al 51%.

“El efecto de la emigración de la década de 1970 tuvo como consecuencia que los proyectos migratorios se integraron dentro del imaginario cultural de la población, sobre todo entre los jóvenes, como un proyecto posible en función de buscar un futuro mejor o como alternativa para enfrentar las dificultades”, concluyó Pellegrino.

Tras la crisis de 2002, Estados Unidos se había convertido en uno de los destinos preferidos de los uruguayos que buscaban un futuro mejor. Pero las estimaciones oficiales indican que ese destino fue perdiendo fuerza, no así España.

España tiene para los uruguayos algunas ventajas comparativas: se habla el mismo idioma, hay redes familiares y de amistad establecidas, un creciente número de nacionales (hijos o nietos de españoles) cuenta con el pasaporte comunitario, una política de facilitar la inmigración calificada dado el envejecimiento de su población (sobre todo en comunidades norteñas como Galicia o País Vasco), un coeficiente de Gini más bajo que Uruguay (es un país más igualitario en términos económicos), y cuenta con un potente sistema de universidades que atrae a jóvenes deseosos de nuevos títulos.

"Sean los orientales tan ilustrados..."

Dicen que para irse a vivir a otro país —salvo en una condición extrema y de desplazamiento forzado— no solo hay que querer, sino también poder. La literatura demográfica evidencia que “los emigrantes recientes tenían un nivel educativo promedio superior al de la población residente en Uruguay”. Muchos de ellos buscan completar estudios de posgrado en el exterior o una inserción laboral más acorde a su calificación.

Y la tesis doctoral de Koolhaas muestra que también los uruguayos que retornaron de España —sobre todo aquellos que lo hicieron en los últimos años y posterior a la Gran Depresión europea—están sobrecalificados para los trabajos que consiguen en Uruguay. Más de la quinta parte de los retornados recientes del país ibérico están tienen más estudios de los que se requiere para la tarea que desempeñan en Uruguay.

Entonces empieza una tensión similar al dilema de qué vino antes, ¿el huevo o la gallina? Varios uruguayos se van a estudiar (siete de cada diez doctorados uruguayos cursaron ese grado universitario en el extranjero), pero cuando retornan quedan sobrecalificados y eso les da un nuevo impulso para irse, y así…

Casi un tercio de los uruguayos con un doctorado en ingeniería o disciplina tecnológica —una de las áreas más demandas en Uruguay— reside en el extranjero, sobre todo en Estados Unidos, Francia, España o Brasil. Algo similar pasa con los doctores en Ciencias Sociales, solo que entre ellos crece México como un destino.

¿Debe Uruguay generar nuevas políticas para atraer a esos que se fueron y, a la vez, incentivar a que no se vayan aquellos que quieren irse? ¿Cuánto influye el éxodo de uruguayos en tiempos en los que cada vez nacen menos niños y la población envejece? ¿La fuga de cerebros es un síntoma de la calidad del sistema de ciencia e investigación en Uruguay? ¿El uruguayo que está en el exterior tiene los mismos derechos que uno residente en Uruguay?

Los datos son pinceladas que aportan al lienzo de estos debates. Pero según el economista y demógrafo Juan José Calvo, “en Uruguay la emigración se politiza de mala manera, se lo mira como el producto de la coyuntura de un gobierno de turno cuando es un tema estructural”.

En ese sentido, Calvo lamenta que “en Uruguay todo siempre es culpa del gobierno anterior sin importar cuál sea el gobierno que está de turno y eso hace más difícil debatir seriamente las cosas y asumirlas”. Eso, agrega, se suma con que “los uruguayos que se quedan en el país tienen muchas veces dificultades para pensar en quienes ya no están viviendo en el país… eso redunda en resistencia al derecho al voto, a una mayor vinculación, a entender como decía Jaime Roos: ‘El que se fue no es tan vivo, el que se fue no es tan gil’”.

N. del R.: El Observador había publicado una nota en 2022 donde ya se mostraba una ruptura de la tendencia en el saldo migratorio. Pero un mes después de aquella publicación, la Dirección Nacional de Migración constató que, por error, había duplicado los registros de quienes salían de Uruguay vía Argentina. Por eso el saldo acabó siendo positivo, tal cual se usa para esta nota y como lo confirma el Observatorio de Movilidad, Infancia y Familia de Uruguay.
El 9 de enero de 2024, El Observador accedió a los datos completos de ingresos y egresos de pasajeros de 2023. Otra vez, la Dirección Nacional de Migración incurrió en el mismo error de publicación de datos. En esta oportunidad la estadística oficial no fue divulgada y El Observador exigió la corrección del registro. La hoja de cálculo con los datos actualizados (y corregidos) fue entregada el 17 de enero de 2024 y los resultados son los que se publican en esta nota.
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