12 de enero de 2012 18:03 hs

Desde hace casi una década, cada temporada de verano Enrique Pinti arriba a Punta del Este para presentar un nuevo espectáculo. Por eso, el humorista dice sentirse como pez en el agua en el balneario esteño, donde el próximo viernes y sábado presentará su unipersonal Pinti argentino en Conrad Punta del Este (entradas a US$ 42, 52 y 62 en Red UTS). Será una estadía relámpago, casi una visita de médico. Para él, “por suerte” enero y febrero siguen siendo sinónimo de cualquier cosa menos de vacaciones aun cuando sobrepasa los 72 años.
“El domingo ya me vuelvo, porque voy a estar en la provincia de San Luis, luego en el Tigre, y después voy a estar ensayando la reposición de El burgués gentilhombre, de Molière, que vuelve en febrero al teatro San Martín. También voy a estar con Lo que vio el mayordomo de Joe Orton, que subirá en Argentina bajo la dirección de Carlos Rivas”.
Así,con una verborragia que no da lugar a interrupciones, Pinti relata sus planes para este año.

Es impresionante la cantidad de palabras que puede decir por segundo... ¿Qué problemas le suele traer esto?

Tiene su lado positivo y su lado negativo. Lo bueno es que la gente tiene más pautas para entender lo que uno dice. Lo malo es que a veces hablás tanto que lo que dijiste al principio se fue a la mierda.

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¿Cómo definiría su espectáculo Pinti argentino?
Es un unipersonal de poco más de una hora en el que hablo de varias cosas de la realidad argentina, pero también del mundo.


¿Va a tener contextualizaciones específicas para el público de Punta del Este?
En realidad cada vez más me vengo alejando del cronista social. Me he ido más para el análisis político e ideológico. Me interesa mucho lo que pasa en el mundo. Si bien tenemos realidades nacionales muy importantes, estamos metidos en una gran cosa globalizada. Tras la caída del muro de Berlín, con la supuesta desaparición de las ideologías, en realidad nació otra nueva: la que decía que el resto había muerto. Y eso nos fue encerrando en una burbuja muy egoísta y aislante que reventó hace tres años y que dejó al mundo inmerso en una gran crisis no solo económica sino de valores. Los sistemas en general, el comunismo primero y la social democracia después , y el ultraneoliberalismo, han demostrado que no sirven ni para espiar. Son un desastre. Ahora el mundo está en un momento de cambio de piel, en donde no hay una receta que parezca buena. Se termina aplicando la receta de los bancos. Ellos son los bastoneros de este pericón. Los gobiernos están en manos de los tecnócratas, ya no existe la democracia. Aunque vos votes a quien te dé la gana, después vienen los expertos en economía global, y se acabó. Antes los golpes eran militares, ahora nos hacen golpes económicos y la gente tiene que bajarse los pantalones.

Su mirada del mundo parece cada vez más pesimista...
Claro... En verdad, no es pesimista. Simplemente parte de la base de que si ciertos valores no se respetan, si no se le da a la gente el derecho a que tenga salud y educación, no vamos a ninguna parte. Pero soy optimista respecto a la importancia de recuperar estos valores. Además, a mí el humor no me lo saca nadie. Tengo la risa como antídoto.

¿Por qué siendo un espectáculo que toca temas tan globales se llama Pinti argentino?
Lo que pasa es que yo estoy más argentino que nunca. Creo que la globalización hace que todos seamos seres humanos, con las mismas limitaciones y grandezas, pero es muy malo despersonalizarse. Yo no me movería por nada del mundo de mi país. No me siento patriotero, me siento argentino, para bien o para mal, lo tengo en el ADN.

¿Le preocupa la inseguridad que se está viviendo esta temporada en Punta del Este?
Siempre me preocupa cuando es una ola, pero nunca me pongo paranoico. Como buen argentino con un Agatha Christie dentro, tiendo a preguntarme quién maneja esto. Si son ladrones desorganizados, si es una banda de ladrones, si hay algún tipo de pase de facturas entre bandas, así como quién maneja la impunidad para que la gente pueda entrar a ciertas zonas liberadas del delito. Es rara esta ola, no estábamos acostumbrados a verla en Punta del Este, pero también coincide con una ola de violencia en Montevideo, bastante inusitada. Debe ser un problema nacional que hay que asumir, al que no hay que minimizar, ni tampoco maximizar. Tampoco da para que empiecen a creerse que viven en el peor lugar del mundo.

Recientemente estuvo de vacaciones por Europa y EEUU: ¿qué fue lo que más lo sorprendió de su estadía?
Lo que más me chocó es todo lo que tienen de igual a nosotros. No se nota la crisis. En Argentina, después de pasados los cacerolazos de 2001, cuando caminabas por el centro, no se percibía la crisis. En 2002, yo agotaba entradas en Candombe. La gente hacía cola de tres cuadras y no era porque las localidades se estuvieran regalando. De igual manera, cuando vos andás ahora por Madrid o Londres, la crisis no se nota un ápice. Creo que esto confirma que el ser humano tiene un poder de negación o de adaptación increíble, es como si dijera: “Ya que estoy en el baile, voy a bailar” o “si me voy a hundir que toque la orquesta”.

En 2011, le fue muy mal con la película Cruzadas. ¿Tiene algún proyecto cinematográfico para 2012?
Por ahora no. Después de esta película con Moria Casán y Nacha Guevara, en donde nosotros la pasamos muy bien, pero el público y la crítica no (nos tiraron pedos como locos), veo difícil que me vuelvan a llamar. Igual me parecieron exageradas las críticas. Si bien puede que la cinta no esté bien lograda, tampoco da para decir que es la peor historia del cine argentino. Aunque si todos coinciden en decir “mala, mala, mala”, algo debe haber.

¿Hay alguna rutina que últimamente se la haya vuelto indispensable?
No. El cine sigue siendo mi manía más grande. Voy por lo menos tres veces a la semana y también miro clásicos en casa. Tengo una colección de 700 títulos entre video y dvd.

¿Qué película lo sorprendió en 2011?
Uhh... varias. En estas últimas vacaciones gocé mucho con tres películas fantásticas que son un homenaje al cine: El artista del francés Michel Hazanavicius, Hugo de Martin Scorsese, una película súper dulce que constituye un homenaje a Georges Méliès, y Mi semana con Marilyn, una película británica dirigida por Simon Curtis.

¿Qué le pareció Balada triste de trompeta de Álex de la Iglesia?
Es fantástica sobre todo la primera hora, después se divaga.

¿Con qué payaso de la película se identifica más?
Con ninguno. Yo tengo otra concepción del humor. Quizá me quedaría más con el payaso triste, pero soy una persona más tranquila a la que no le gusta sufrir.

En esta película el payaso triste es aconsejado por su padre, para que nunca se convierta en uno alegre. ¿Usted qué consejo daría a un cómico joven?
Que tenga una paciencia de santo, que no se deje vencer. Es mejor fracasar en lo que uno cree que triunfar en lo que a uno no le gusta. A mí me empezó a conocer alguien después de 18 años de trabajo. Lo demás depende de uno. Cada uno tiene que hacer el tipo de humor que quiera: verde, amarillo, apolítico, stand up... el que lo haga sentir mejor.

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