Fueron apenas unos segundos. Un camarógrafo de FIFA la vio tararear la canción, unos hinchas la vieron y la saludaron, alguien de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) le regaló un pin con el escudo del organismo, y ella vivió el partido con el obsequio puesto. La secuencia la llevó de tener 200 seguidores a 20.000 en cuestión de horas.
"Es rarísimo, se siente raro. Yo soy una persona que trabaja acá, que tengo una vida normal, que todos los días me levanto y hago el desayuno, vuelvo a mi casa, lavo las sábanas y tiendo la cama. Mi vida es normal de ser madre, esposa y ayudando a mis hijos", expresó Nadal a Referí, en una entrevista realizada en la estación de Policía de Northside.
Según la oficial, su esposo -también policía- tomó esta fama repentina de forma normal, con felicidad por la repercusión en Uruguay, pero sus hijos reaccionaron de formas muy distintas: "Mi hija no vive en casa, ella vive en Nueva York, trabaja y estudia allá, y todos los días me escribe. Pregunta '¿sigo siendo tu hija favorita?', y hoy me mandó 'buenos días mami famosa, te quiero. Si querés contestame', hace bromas. De mis hijos varones el del medio, 16 años, completamente envuelto en redes sociales, está fascinado. Quiere que yo lo haga viral a él y le digo 'pero mi amor, yo no sé ni hacer un reel sola que me tenés que ayudar'. Y el chiquito ayer fueron al estadio y dijo 'yo foto no, yo no hablo', él es muy tímido".
En tanto, sus padres, ambos policías retirados en Uruguay, se emocionan al verla en los medios. "Mi viejo dice que el teléfono no para. Él me ve en las noticias y se emociona, es muy llorón igual que yo. Me escribió incluso estando acá sentado contigo que me acaba de ver una nota y que está muy orgulloso porque siempre me ve natural, sincera y profesional, que son las cosas que siempre nos enseñó a hacer", contó.
Este sábado Silvia utilizó su fama para subir un video a redes en el que advertía a la gente que iba a ir al partido contra Cabo Verde sobre los requisitos de seguridad en el Hard Rock Stadium de Miami. "Gente en el estadio me decía 'gracias porque vi tu cosa en tu Instagram y decías que no lleváramos carteras'", comentó la oficial.
Tanto en el partido contra Cabo Verde como contra Arabia Silvia tuvo que mantener el profesionalismo, cosa que no le fue tan fácil ya que tiene que estar de espaldas a la cancha, y porque no puede gritar los goles o vivir el partido con euforia como le gusta.
"Hay que estar atenti a la jugada porque te pueden dar un pelotazo en la cabeza, entonces hay que ver de reojo las teles en las esquinas para seguir la jugada. Ha pasado algún pelotazo en la cabeza de algún oficial. Y tratar de contener la emoción, de querer gritar ¡falta! Yo soy muy expresiva en mi casa, muy eufórica cuando veo fútbol. Eso no lo puedes hacer, yo estoy ahí para cuidar la seguridad y a los que están los espectadores de un cuadro y del otro, ser simpática con todo el mundo, que es difícil. Se puede lograr, pero no sabes lo que es, se te lleva lo mejor de vos", comentó entre risas.
El mensaje de una vieja conocida que la emocionó
La fama que le llegó a Silvia Nadal en las redes también la ayudó a reencontrarse por redes con mucha gente que no veía hace muchos años. "Me escriben mis amigas de la infancia, amigas de la escuela, otras con las que sigo teniendo contacto y otras con las que no. Mucho cariño. La gente que me conoce y que sabe cómo soy, sabe que sigo siendo la misma. Yo le contesto a todo el mundo", continuó.
Sin embargo, un mensaje la emocionó por encima del resto: el de Solange, una mujer que fue muy importante cuando se convirtió en Policía en Miami, y que como dato curioso es madre del exfutbolista Pablo Granoche.
"Una persona que me estaba entrenando me llevó a un restaurante uruguayos, Di Papas, que pensaba que era italiano pero tenía dueños uruguayos, Solange y Artigas. Nos hicimos muy amigos, compartimos muchos años y después ellos se volvieron a Uruguay. Hacía años que no hablaba con ella. Y ayer me escribe y me dice '¿no sé si te acordás de mí?'. Te lo juro que iba manejando y se me caían las lágrimas", expresó Nadal.
Incluso, aprovechó la entrevista para dedicarle un mensaje a la mujer: "Si estás viendo esta nota o te llega, te quiero mucho, y fuiste una madre para mí acá en Miami".
El esfuerzo para ser Policía en Miami
Silvia Nadal nació en Treinta y Tres, pero a los seis meses su familia se mudó a Montevideo, donde se crió en el barrio Pocitos. Vivió sus primeros años con sus abuelos maternos, ya que sus padres eran policías y se movían con frecuencia por el país.
A sus 6 años llegó la crisis económica de "la Tablita", y sus abuelos se mudaron a Estados Unidos para seguir los pasos de la hermana gemela de su abuela, que vivía hace años en Chicago. De ahí en más, su objetivo durante años fue mudarse a Estados Unidos.
Empezó a estudiar Enfermería, y a los 23 años vendió todo y se mudó a Norteamérica "con 2.000 dólares en el bolsillo" y "el inglés que te enseñan en el liceo", que era poco.
"Pasé por Florida a visitar a mi tía abuela y me gustó muchísimo. Después fui a Chicago con mis abuelos y estuve seis meses, pero había mucho frío y les dije que iba a probar en Miami", explicó.
Tras hacer la residencia en Enfermería y obtener su ciudadanía, a sus 30 años y con una hija Silvia comenzó a plantearse la posibilidad de cumplir su sueño de ser policía, algo que no eligió en Uruguay porque "en aquel entonces la policía femenina no era lo que es hoy en Uruguay, era más administrativa, usaban faldas", y ella quería trabajar en la calle.
"Es muy riguroso, físicamente e intelectualmente. Yo estaba compitiendo con muchachos que salían del liceo y entraban en la academia, 18, 19 años, con una energía espectacular, y yo con 30 ya con un cuerpo de mujer, con mi hija que tenía que llegar a la casa a atenderla. Fue difícil, pero bueno, lo logré. Nunca fallé un examen, pasé todo siempre", expresó Silvia, que espera que Uruguay le gane 1-0 a España con un gol "como dice la canción, 'en el último suspiro'".