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Jorge Goncalves vive un buen presente y siempre con Peñarol en el corazón

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El ganador de los clásicos imposibles ante Nacional, que una vez se sintió ídolo: la vida de Jorge Goncalves

El exjugador cuenta que su padre, Néstor "Tito" Goncalves, una leyenda aurinegra y del fútbol uruguayo, "no era muy demostrativo", pero que lo hacía para protegerlo y bajarlo a tierra

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26 de marzo de 2022 a las 05:03

Tenía cuatro años y sus padres se separaron. Lo anotaron mal y su apellido quedó con “z” cuando en realidad, es con “s”. Pero tras la muerte de su papá, por unos trámites que debió hacer y ya con 50 años, logró que le devolvieran la “s”. Es desde hace cinco años, Jorge Goncálves.

Aquel niño que se fue a vivir con la familia de su madre, no entendía nada cuando las maestras le hablaban maravillas de su padre, Néstor “Tito” Goncalves, el gran capitán de la historia de Peñarol, ganador de absolutamente todo.

De él le quedó el apodo que lleva con orgullo. Su abuelo Miguel Ángel Rojo, el padre de su mamá, fue quien lo arrimó al fútbol porque era uno de los encargados de mantener la cancha del club Maeso de baby fútbol.

Jorge Goncalves y su padre, Néstor Goncalves, entre ambos, lograron cuatro Copas Libertadores para Peñarol

“Mi viejo estaba un tiempo en el exterior y mi vieja no me dejaba ir en las cruzadas de baby que se hacían con los rivales de Buenos Aires. Entonces me iba con mi abuelo Miguel, quien también me había llevado a Maeso. El baby es muy disfrutable. Mi viejo sabía que estaba bien cuidado, y no me iba a ver”, explica a Referí.

Jorge fue a una práctica en Las Acacias con el baby de Maeso a jugar contra la Séptima de Peñarol y a la semana le pidieron que fuera para quedarse. Jugaba de ‘5’ y su padre –un prócer del club– no tuvo nada que ver con su llegada.

Jorge Goncalves con la camiseta de Peñarol, saluda a su hermano Néstor Goncalves, con la de Huracán Buceo antes de un encuentro

“Luis Prais y Pedro Cubilla fueron los técnicos que pidieron que me contrataran. Yo sabía que mi viejo había jugado al fútbol, pero de chico no sabía el potencial que había tenido. Prais tenía mucha idea del fútbol y me mandó de defensa. Siempre fui hincha y me puse muy feliz. Tenía 12 años. Mi padre se enteró y se quedó contento, aunque no era muy demostrativo”. El paso del tiempo cuando creció, le mostró la dimensión de lo que fue su papá, lo que significó: “Después que vas creciendo, te das cuenta lo que fue mi viejo para Peñarol y tomé conciencia por qué eran tantos los saludos de mis maestras”.

Roque Máspoli le dejó un gran recuerdo como uno de sus entrenadores principales

Su abuela Violeta fue su “otra madre, al mismo nivel. Cuando mi vieja salía a laburar, ella nos dio de comer, nos bañaba, hacía de todo. La pongo en el mismo pedestal de mi mamá. Me alegró mucho que mis abuelos vivieran y disfrutaran el título que conseguí de la Copa en 1987. Él había vivido lo de mi viejo, ya que eran muy compinches”.

Vivía en Punta Gorda y fue a la escuela en La Mennais, y luego se mudó y fue a Las Domínicas. “Fue un cambio muy fuerte porque no tenía cancha y eran todas mujeres. Mis abuelos se rompieron el lomo para bancarnos junto a mi hermano, para que estudiáramos y que pudiéramos jugar al fútbol”. A entrenar en Las Acacias iba en ómnibus luego del colegio.

La selección uruguaya juvenil a la que defendió Jorge Goncalves en Catar 1986 y logró el segundo puesto perdiendo por penales; entre otros, aparecen el técnico José Luis Ayala, Miguel Santos, Carlos Gabriel Correa, Gustavo Matosas, Óscar Ferro y abajo, Daniel Vidal, Gustavo Poyet y Mario Orta

Catar quería comenzar a aparecer en el mundo del fútbol y le pidió a FIFA organizar un Mundial juvenil. La FIFA accedió, pero sin que fuera un torneo oficial. En febrero de 1986, se vistió por primera vez de celeste con José Luis Ayala de técnico. Uruguay perdió por penales la final ante Marruecos que le había ganado a Brasil en semis. En ese equipo estaban, entre otros, Óscar Ferro, Gustavo Poyet, Daniel “Pollo” Vidal, Mario Orta y Gustavo Matosas, entre otros. “Terminamos invictos. La final fue con Marruecos y los jugadores tenían como 30 años (se ríe)”.

Sus ídolos fueron varios en el club. “El Peñarol que más viví fue el de Ruben Paz, Venancio (Ramos), Pinocho (Vargas), Morena, toda esa época, el Bombón (González), el Pibe Giménez. Me crié juntando figuritas de ellos. Cuando perdíamos, no quería ir al colegio. Por suerte, ganábamos mucho más de los que perdíamos”.

Un día triste para él y para el fútbol uruguayo: los restos de su padre fueron velados en el Estadio Campeón del Siglo a fines de 2016

Y agrega: “En los 70 me llevaba mi viejo, pero en los 80 con el carné de jugador entraba gratis y me iba a la Ámsterdam. Mi vida era el fútbol y si fui sano, fue por el fútbol. Jugábamos en la calle y le pedíamos a los vecinos que corrieran el auto. Era una época espectacular, no me la quita nadie. Mi viejo me vio feliz cuando jugaba y por eso seguramente nunca me dio consejos, porque vio que yo tomaba en serio el fútbol. Yo veía imposible poder jugar en la Primera de Peñarol”.

En 1982, jugando en la Sexta del club, junto a sus compañeros le hicieron un cortejo a los campeones intercontinentales en el Centenario. “Por al lado mío pasaron el Indio (Olivera), Morena, la Copa del Mundo y yo los miraba como diciendo ‘¿qué es esto?’. Eran como intocables. No estaba en la cabeza de un niño entrar ahí, y eso nos hizo más felices, jugábamos por la camiseta, por amor al club y no iba a ser sostén de mi vida. ¡Quién iba a decir que cinco años después mis compañeros y yo ganaríamos la Libertadores!”.

El equipo de Peñarol que ganó en la noche de Reyes de 1987 un Uruguayo increíble a Nacional: Eduardo Pereira, Obdulio Trasante, José Herrera, Jorge Goncalves, José Batlle Perdomo y Miguel Santos; abajo, Daniel Vidal, Gustavo Matosas, Diego Aguirre, Ricardo Viera y Daniel "Coquito" Rodríguez, semitapado

Chiquito Malinowski fue el que manejó el grupo y Roque Máspoli lo ascendió al plantel de Primera. Estuvo en el banco de suplentes en la Libertadores de 1986 contra Boca y River. “Imaginate lo que era para mí. Esa copa fue un fracaso total y nos subieron a los pibes: Matosas, yo, el Gallego (Ferro), el Bomba (Villar), Miguel Santos, y terminamos campeones”.

De Máspoli dice que “era una fiera, un fenómeno, no tenía rivales, por algo fue lo que fue y sigue siendo, va a quedar en el corazón de todos. Un padre fuera de la cancha, por cómo respetaba los momentos”.

Jorge cuenta que nunca le pesó la mochila de ser el hijo de Tito Goncalves, “porque él nunca me lo hizo ver. No es necesario llamar para saber que alguien te quiere y él me acompañaba a su manera. Mi viejo era líder y campeón de verdad, no anduvo con chiquitas, yo fui uno más. Mi viejo era derecho y eso lo heredé de él y estoy orgulloso de eso. Tenía que haber sido el capo del fútbol, pero no estaba con el poder y eso le debe haber jugado en contra”.

El momento del gol de Diego Aguirre en la final contra América de Cali en Santiago de Chile; Tito Goncalves no lo puede creer y se toma la cabeza y Marcelo Rotti corre para abrazarlo; detrás, Aponte se toma la cabeza, pero desde otro punto de vista

Cuando llegó a Montevideo tras ganar la Libertadores ante América de Cali en Chile en 1987, fue al Centenario a ver un partido y le avisaron que su padre estaba en la Olímpica. “Fui a verlo y me saludó como si nada. ‘Esto es normal en Peñarol, mañana tenés que salir a ganar, porque si no te van a insultar todo’, me dijo y tenía razón. Así te vas haciendo. Así se pasaron la posta de Obdulio (Varela) a William (Martínez), a mi viejo y luego al Indio (Olivera). Y eso es Peñarol. Fue el único capitán que le dio la vuelta en su casa a Real Madrid, ¿qué le vas a decir? Obvio que después me enteré que fue de los más alegres cuando vio que yo había ganado la Copa, pero trataba de no ser demostrativo como para protegerme. Me bajaba a tierra”.

El Uruguayo de 1986 lo ganó Peñarol de una forma increíble, luego de un pacto de caballeros entre los grandes, debido a que los aurinegros no se presentaron en la primera fecha por deudas económicas y perdieron los puntos, y Nacional tuvo fecha libre. Para que no hubiera ventajas, se acordó que si los tricolores ganaban el título con hasta dos puntos de ventaja, habría una final.

Los recuerdos de Tito Goncalves tienen que ver siempre con el club de sus amores: Peñarol

“Ellos tenían un cuadrazo, iban 7 puntos arriba, nos acercamos, y en la última fecha enfrentaban a Huracán Buceo y allí jugaban mi hermano Néstor y Jair. Si ganaban o empataban, eran campeones. Para ir para Los Aromos salimos en ómnibus desde el Palacio y pasamos por 8 de Octubre con toda la gente de Nacional que iba al estadio, les pegamos algunos gritos a los hinchas. Ya en Los Aromos, jugamos al vóleibol con Roque (Máspoli). El Bola Delgado padre, estaba escuchando el partido por la radio y gritó ‘¡gol de Huracán!’ y se paró el partido de vóleibol. Nos quedó la responsabilidad de ir a Jardines y ganar y con un gol del Pollo Vidal, llegamos a la final.”, recuerda.

Se jugó la noche de Reyes de 1987 y Peñarol ganó en definición por penales.

Así lo explica Jorge: “De haber ido a ver a esos fenómenos con estadio lleno, nunca en mi vida me imaginé estar ahí abajo, jugando la final contra Nacional de repente, con un estadio que reventaba, con un (Juan) Carrasco que era tremendo jugador y la figura que teníamos que marcar nosotros. Gustavo (Matosas) marcaba a Juan, lo soltó una sola vez y él quedó mano a mano con Eduardo (Pereira) que le tapó el gol en la hora y terminamos 0-0 para ir a los penales. Fue de las mayores alegrías de mi carrera”.

El mural del clásico de los ocho contra 11 tiene a Jorge Goncalves en un lugar elegido de Los Aromos

Goncalves jugó el clásico recordado como el de los ocho contra 11 y si Peñarol perdía, por más que era un amistoso, cesaban al Maestro Tabárez.

“En el entretiempo íbamos ganando, pero había un rumor en el vestuario, que si no ganábamos, al Maestro lo iban a echar. Ese partido fue increíble, porque ellos nos empataron y nos echaron a tres. En el gol que hizo el petiso (Jorge) Cabrera para el 2-1, yo estaba pisando el área. ¿Qué estaba haciendo ahí? Fuimos a buscar el partido y lo logramos. Pasó a ser uno de los clásicos más importantes en la historia del club. El mural que está en Los Aromos es un mimo. Siempre es bueno que reconozcan las cosas, que te vean las generaciones, es un mimo al esfuerzo”, explica.

El Maestro bromeaba en la concentración con el grupo, y les dio un micrófono inalámbrico para que hicieran lo que quisieran. Así, lograron ingresar a una onda de FM y le tomaban el pelo a sus propios compañeros, como que fuera un programa periodístico en serio.

Jorge Goncalves celebra el triunfo de los ocho contra 11 en el clásico que venció 2-1 Peñarol ante Nacional junto a Obdulio Trasante, Gustavo Matosas y Diego Aguirre

Meses después, con Peñarol ya clasificado a la segunda fase de la Copa, faltaba enfrentar a San Agustín y a Tito lo expulsaron, lo que le costó el puesto que desde allí tomó Marcelo Rotti.

“Fue un momento complicado. No se lo voy a perdonar nunca al Maestro, no respetó lo que venía haciendo. Justo el que entró fue el Flaco (Rotti) que es un fenómeno y un amigo. Jamás le iba a pedir una explicación de por qué me sacaba. Me la banqué y por suerte pude jugar las últimas dos finales”, dijo.

En la primera final en Cali, les tiraron gas pimienta en el vestuario y tuvieron que salir corriendo para tomar aire. “Fue una locura. Nos empezamos a marear y tuvimos que salir”.

Tito jugaba de titular por el Uruguayo y a la salida de un partido, una señora le dijo que hablara con Tabárez para que lo pusiera como titular, porque en todas las Libertadores que había ganado Peñarol, hubo un Goncalves.

El festejo de Peñarol en el vestuario del Estadio Nacional de Chile con la Copa Libertadores de 1987; Tito Goncalves está en el medio de todos

“‘No, señora, yo no me puedo meter’, le dije. Además, pensé: ‘Mi viejo ganó tres, pero en la de 1982 no estuvo’, y le expliqué que estaba equivocada. ‘No, no estoy equivocada. En la de 1982 estuvo Jair Goncalves’. ¡Me mató! No me acordaba. Entonces, un día dije ‘no aguanto más y se la voy a tirar diplomáticamente al Maestro’ y se lo dije como una anécdota. Y pude jugar las últimas dos finales.

En Santiago, el clima ardía dentro de la cancha. Diego Aguirre le hizo un pedido justo segundos antes de que llegara el gol de la gloria. ‘Quedate al lado mío porque voy a armar lío’, le comentó.

Además de en los aurinegros, Goncalves jugó en Cruz Azul de México. en Ferro Carril Oeste de Argentina y Santiago Morning de Chile, en el exterior

“Eso es lo más increíble. Me pidió eso y yo volaba de calentura porque Cabañas me había roto la boca con un cortito. Tenía mucha maña. Lo seguí por toda la cancha y no podía agarrarlo. Cuando Diego me hizo ese pedido, le dije que sí, porque yo también quería lío. Y 10 segundos después, llegó el gol y ganamos la Copa. Por eso, el título ‘Peñarol de los milagros’ está muy bien puesto”, comenta. Y añade: “Lo nuestro fue más hazaña porque un equipo muy joven le ganó a un equipazo que además tenía dos finales de América atrás”.

Aquí se puede ver el gol de Aguirre a América y los festejos de Peñarol en la Copa Libertadores de 1987:

Cuando terminó el partido, un amigo le sacó la camiseta –pese a que se la había reservado para otro amigo­– y le sacaron todo. Con la emoción, tiró los zapatos a la tribuna principal. Lo que pasó horas después, también fue insólito.

“Cuando volvíamos a Montevideo, el avión casi se viene abajo. Yo no comí porque salía el avión y si se movía quería estar tranquilo. Cuando subí, me llamaron de la cabina de los pilotos y estaba un zapato mío colgado al lado del comisario de a bordo que era Marcelo Fernández (el periodista especializado en carnaval que sale en las transmisiones de TV y radio). ‘¿Me lo firmás?’, me dijo. La vuelta fue una locura. El avión se movió como loco y nos pegamos un susto bárbaro, todos vomitando menos yo que no había cenado. Fueron 15 minutos de un movimiento tremendo. A bordo iba (Gustavo) Zerbino, (uno de los supervivientes del accidente de Los Andes en 1972) y nos dijo: ‘Quédense tranquilos que no pasa nada’. Y por suerte, así fue”, cuenta aliviado.

Otro festejo íntimo de Peñarol en el vestuario después de ganar la Copa Libertadores 1987; Jorge Goncalves aparece en el piso y el corcho del champán que destapó Obdulio Trasante aparece junto a su short

Tito también jugó cuatro años después, el clásico en el que fue partícipe como arquero en los minutos finales. “Fue un clásico en el que se cumplían los 100 años de Peñarol y si ganábamos los alcanzábamos. La semana previa estaba con un estado gripal y estaban arreglando el Centenario y el pasto estaba altísimo. El Tato Ortiz era el técnico y acostumbraba ir a las habitaciones en Los Aromos. Me preguntó cómo andaba de la gripe y le contesté que estaba bien, que al menos me dejara jugar 5 minutos, pero que no me dejara afuera. ‘Te prometo que si me estoy cansando, te lo hago saber’, le agregué”.

La noche del regreso desde Chile con la Copa Libertadores; festejan en plena pista del aeropuerto José Herrera, Alfonso Domínguez, Gustavo Matosas, Óscar Ferro, Jorge Goncalves con la copa, Eduardo Pereira, el presidente José Pedro Damiani y Juan Pedro Damiani

Y añade: “En el segundo tiempo, Dely Valdés era una gacela, la cancha estaba pesadísima y yo no podía más. Tiraron una pelota larga, salió (Fernando) Álvez y tocó con la mano la pelota fuera del área y lo echaron. No había más cambios y le pedí los guantes y la camiseta. Cuando tomé conciencia que era un tiro libre al borde del área dije: ‘¡Qué necesidad!’ y me salió todo. Saqué un par de pelotas difíciles. Otello (Roberto, el árbitro) se retiraba como juez y le dije: ‘Terminalo que entrás en la historia’. Fue de las ovaciones más grandes que recibí en mi vida. Cuando salí del antidopaje estaba todo el estadio afuera, una locura. Ahí me sentí ídolo de verdad. Eso es para los goleadores, no para los defensas. Fue el día que me sentí un rock star. Haber sido un jugador del montón y haber dado todo por los colores, no me quitan de haber estado en los clásicos más importantes”.

Tito Goncalves se hizo gigante como arquero en un clásico en que Peñarol derrotó a Nacional 1-0 en 1991 en el festejo de los 100 años del club

Aquí se puede ver el video en el que Tito Goncalves jugó como arquero ante Nacional y ganó Peñarol 1-0:

Es que también estuvo en otros dos clásicos históricos y para conseguir días después el segundo quinquenio. Nacional ganaba 3-1 y Peñarol lo ganó 4-3, con él convirtiendo el 3-3 transitorio y la semifinal del Uruguayo que perdían 2-0 y ganaron 3-2.

El día que se sintió ídolo por la respuesta del hincha: cuando se vistió de arquero en pleno clásico ante Nacional y salvó su arco en tres oportunidades

“No podíamos empatar ningún partido de los últimos siete, y empezamos ganándole a Cerro en la hora, mandándolo a la B. El año anterior, yo había jugado allí, por lo que los fui a saludar. En el clásico, nos dieron un baile bárbaro en el primer tiempo bárbaro y tanto fue así que pensé que Gregorio (Pérez) me iba a sacar, pero en el final del primer tiempo nos pusimos 3-2 y vino mi gol, el 3-3 y luego el golazo de De Lima. Fue el gol más importante en mi carrera. Cuando en 1991 me iba a jugar a Cruz Azul, un periodista me preguntó si me iba conforme de Peñarol y le dije no. Se sorprendió, y le expliqué: ‘Porque me voy sin hacerle un gol a Nacional ni en juveniles ni en Primera. Nunca pensé que iba a volver, era muy difícil en aquella época. Por suerte pude regresar y cumplir ese sueño de anotarle un gol a Nacional”.

Aquí se pueden ver los goles del clásico que ganó Peñarol de atrás 4-3 tras ir perdiendo 3-1 en 1997; el 3-3 fue de Goncalves:

Pocos partidos después, Peñarol ganaría el segundo quinquenio. Así recuerda Goncalves cómo se vivía: “Ni en la copa 1987 había vivido la ansiedad de la hinchada. En esa época casi no había celulares y me tuve que comprar un captor para el teléfono de línea de mi casa, porque había dos o tres que me llamaban todos los días: ‘Tito, tenemos que salir campeones’.  Es muy importante de que uno como jugador se dé cuenta de esa presión linda que te da la hinchada de Peñarol para que ganes y saber que ellos lo necesitan. Ese año no ganamos ni Apertura ni Clausura y festejamos la Anual. No fue un año fácil. Fue otra cosa de película”.

Tito Goncalves en Peñarol de 1997 que se llevó el segundo quinquenio; en el equipo forman Claudio Flores, Nelson Olveira, Luis Romero, Goncalves y Edgardo Adinolfi; abajo, Nicolás Rotundo, Pablo Bengoechea, Ruben Pereira, Carlos Aguilera, Serafín García y Antonio Pacheco

Goncalves jugó en la selección uruguaya mayor. Fue nombrado por el Maestro Tabárez, pero debutó con Gregorio Pérez como técnico, ya que el DT celeste aún no había podido hacerse cargo del equipo. También formó parte del proceso del Mundial de Italia 90, pero el final no fue feliz.

“Fui a Udine y finalmente fui uno de los tres que Tabárez dejó fuera de la lista definitiva. Tuve que volverme a Uruguay. Fue de las peores desilusiones que pasé en mi vida y que me lo dijera el DT que sacamos, entre comillas, campeón de la Copa, fue más fuerte. Una lástima que todo el plantel pidió para que los tres nos quedáramos y los técnicos de los equipos de Montevideo pidieron que volviéramos para entrenar acá”, recuerda.

Un equipo de los que defendió Jorge Goncalves a Uruguay; Fernando Álvez, Goncalves, José Perdomo, José Herrera, Nelson Cabrera y Mario Rebollo; abajo, Daniel Vidal, Ruben Da Silva, Ruben Paz, Gustavo Dalto y Ruben Pereira

Tito dice que se considera “una persona feliz, nadie sabe lo que es la felicidad, siempre te falta algo. Las abuelas decían salió sanito…”.

Jugó con grandes jugadores a lo largo de su extensa carrera y entre todos, dice que Obdulio Trasante fue fundamental.

Néstor Goncalves y Jorge Goncalves juntos en un partido de Peñarol

Así lo explica: “Haber tenido al anormal de Obdulio me sirvió muchísimo. El primer partido de Copa en el exterior lo jugué contra Alianza. ¿Sabés lo que era para mí que cinco meses antes venía de jugar en el Pichincha y en Las Acacias, por más que había salido campeón en el Uruguayo? Eran callecitas chiquitas en el barrio del estadio, entramos y el ‘9’ de la selección peruana, Eugenio La Rosa, me pechó y me tiró contra unos carteles. Obdulio me metió los dedos en la nariz y me dijo: “Guacho de mierda, te llega a pechar de nuevo y te agarro a piñas en el vestuario’. Fue una enseñanza. No perdí más un mano a mano. Teníamos al Zurdo Viera, a Eduardo Da Silva, que tenían una clase con la pelota… Al Pollo (Vidal) y Cabrera no los paraba nadie y en los mano a mano, eran imposibles de agarrar”.

Un encuentro de los tantos con los campeones de 1987: el Canario Hernández, quien estaba en la lista de la Copa, Diego Aguirre, Óscar Ferro, Miguel Santos, Jorge Goncalves, Juan Carlos Paz y Jorge Cabrera; abajo aparecen José Herrera, Eduardo Pereira y Marcelo Rotti

También habló de quién fue el mejor que tuvo que marcar. “Dos veces tuve que marcar a (Claudio) Caniggia. En 1989 fuimos a Mar del Plata y estaba en su mejor momento. Lo maqué bien, salí con sote. En 1991, con el Tato (Ortiz) fuimos a Cagliari y lo tuve que marcar otra vez y el Pájaro ya estaba en Atalanta. Me fue bien de nuevo. Siendo un jugador lento y él rapidísimo, traté de tenerlo cerca y no quedar a mitad de camino porque si no, me daba un baile bárbaro. Y fuimos campeones en Italia”.

Jorge "Tito" Goncalves con Diego Maradona en uno de sus encuentros personales

Luego de dirigir durante un buen tiempo a la Tercera, llegó a ser técnico del plantel principal de Peñarol, período del que conserva “muy buenos recuerdos. Fue un orgullo enorme que después de mi trabajo en juveniles se hayan acordado de mí en un momento muy complicado, Peñarol no venía bien. Ganamos el clásico que fue una de las cosas que me pidieron los dirigentes”.

Hizo debutar a Jonathan Rodríguez en el club mirasol y recuerda que en su primera práctica como entrenador, “se lesionó (Marcelo) Zalayeta con distensión de ligamentos. Pensé: ‘No lo puedo creer. La primera práctica y perdí a Zalayeta, una persona exuberante físicamente, lo sufrí como jugador en Danubio y yo en Cerro, lo disfruté como compañero en 1997”.

Tito Goncalves dirigiendo a Peñarol también logró ganar un clásico que fue lo que le pidió el consejo directivo, e hizo debutar a Jonathan Rodríguez en el plantel principal

Tito agrega que “a Peñarol le voy a estar agradecido de por vida. Uno le dio cosas por amor al club, pero Peñarol me dio muchísimo”.

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