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Jugar al fútbol entre memorias y cervezas

Guillermo May cuenta su vida en Dortmund, una ciudad minera dueña de la mejor cerveza y con heridas de la Alemania Nazi

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30 de enero de 2017 a las 05:00

Un llamado le cambió el 2017 a Guillermo May, el delantero goleador de la cuarta división de Nacional que tuvo que suspender vacaciones y parciales en la facultad de Ciencias Económicas para armar las valijas y emigrar.

¿A dónde? A Dortmund, una ciudad cargada de historia y simbolismos que superó las guerras napoleónicas y la Segunda Guerra Mundial. Era una ciudad con apenas 100 mil habitantes, cuando la explotación del carbón y el acero hicieron proliferar la zona e incrementó a medio millón el número de personas que se mudó a esa región del Ruhr.

"Dortmund es una ciudad de mineros, no es de las más lindas para el turismo pero, aún siendo obrera, es hermosa. Está todo limpio, señalizado y todo funciona perfecto. Hay un nivel cultural grande", dice May por teléfono, sobre la llegada a una ciudad que debió ser reconstruida luego de la caída de la Alemania Nazi.

La clase obrera en Dortmund tiene tres intereses básicos e innegociables: fútbol, cerveza y teatro.
Es por eso que el Westfalenstadion, o Signal Iduna Park luego de ser rebautizado por un acuerdo comercial, el Dortmund U-Tower y la Opernhaus Dortmund, son lugares que atraviesan la vida de la ciudad. Todos estuvieron intervenidos por la Segunda Guerra Mundial.

En febrero de 2015 y mientras se hacían obras de remodelación en el estadio, los obreros no podían creer lo que encontraron. Un explosivo británico de 250 kilos estaba enterrado a cinco metros de profundidad. La Policía debió evacuar la zona mientras que la histórica casa de teatro de Dortmund, construida en 1887, fue destruida por los bombardeos.

"El estadio es el más grande de Alemania. Nunca hay entradas, está todo agotado. Pude ir y te impresiona de solo verlo. Acá en Uruguay a los partidos de tercera o de cuarta va muy poca gente y allá al segundo equipo lo van a ver 11 mil personas. Es una locura el sentimiento que tienen", agrega May, quien se dio el lujo de jugar dos partidos y anotar un gol en el segundo equipo de una de las potencias de la Bundesliga.

"El complejo tenía una cancha abierta con calefacción para derretir la nieve. La pretemporada se hace en España por el frío".
Apoyado en un modelo de gestión comunitaria junto a los socios, con los precios más bajos de la Bundesliga y un estilo de juego que pregona el espectáculo sobre el resultado, Borussia es el equipo que más gente lleva en Europa, una media de 81.178 espectadores.

Guillermo May
El delantero nacido en Nacional a pura actividad física en su periplo germano
El delantero nacido en Nacional a pura actividad física en su periplo germano

Sin embargo no todo es brillo y los hinchas deben lidiar con la aparición de un pequeño grupo neonazi llamado "Northside", conformado por nacionalistas autónomos que llaman Führer a su líder, Siegfried Borchardt.

"A mí no me pasó nada, siempre me trataron bien. Dortmund es una ciudad con muchos inmigrantes", agrega May sobre un lugar donde residen turcos y sirios.

Dortmund tiene así cicatrices de una guerra que la mayoría intenta olvidar: "En el club había muchos jóvenes que no la vivieron, pero los mayores se acuerdan de todo. Los utileros del club por ejemplo tienen la guerra muy presente y muestran un respeto al extranjero total. A cada rato te cuentan la historia de la cuidad dos o tres veces y te señalan lugares que fueron emblemáticos".

Dortmund es considerada la capital de la cerveza, centro exportador por excelencia de la bebida y de donde nació la famosa Dortmunder Bier, tentación para cualquier mortal: "Durante los entrenamientos no se podía tomar nada y menos en la dieta del futbolista que es muy estricta, pero el último día de la semana me di el gusto de tomarme un vasito chico. La verdad es especular".

El idioma fue una barrera clara aunque May, que habla bien inglés, se preparó de antes: "Me aprendí antes de viajar las cosas básicas. Buenos días, buenas noches, por favor y gracias. Como para hacerme entender si necesitaba algo. El tema es que a los dos minutos ya no entendía nada. En el club había un par de compañeros que hablaban fluido inglés y me traducían ellos".

Guillermo May
Guillermo May en Dortmund, una lucha permanente con el alemán.
Guillermo May en Dortmund, una lucha permanente con el alemán.

May tiene contrato con Nacional hasta julio de 2018 y si bien aún no debutó en Primera, la experiencia en Borussia y un sondeo previo de Marsella de Francia son credenciales de sus condiciones. Sin embargo no se apura, porque al corazón no hay que ponerle plazos: "Para jugar en Nacional voy a esperar lo que haya que esperar. Soy hincha del club y me muero por jugar en Primera División".



Una tarde en el Museo

El clima y la barrera del idioma
"En Alemania se entrena todos los días doble horario, menos los domingos que haces un turno solo. El problema es que a las 4.30 de la tarde ya es noche y no podés hacer nada. Hace mucho frío y me comí una semana de nieve sin parar. El primer domingo que tuve la tarde libre me fui al museo del fútbol alemán y es impresionante. El problema lo tuve con el idioma, cuando el entrenador daba la charla técnica todos entendían y yo miraba el techo. Hay muy pocos latinos en el fútbol alemán. Había dos estadounidenses, un canadiense, un esloveno, un francés y varios turcos".

Luchar contra la cédula

Estilo de juego y edad
"El fútbol es muy dinámico. Creo que en Uruguay hay más talento individual, pero su capacidad física es superior. No juegan al roce, hay poco contacto, pero tenés que estar muy rápido y adaptarte a jugar a dos toques con pelotas al vacío. Si no sos rápido te comen los defensores. Apenas llegue jugué contra St. Pauli y contra Fortuna Köln, pude hacer un gol, pero me encontré con jugadores mucho mayores aún en la filial. Un delantero nuestro tenía 26 años, el enganche 28, el volante central 34 y había varios de 23 a 25 años. Yo era el más chico del plantel", agrega el delantero de 18 años.

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