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Mauricio Larriera

Fútbol > EL ANÁLISIS

Peñarol y el triunfo de la convicción: el ojo de Larriera y la espalda de Bengoechea

El nuevo Peñarol de Larriera, que construyó en la adversidad del Clausura (blindado por el director deportivo y el presidente Ruglio), empieza a regar los campos con su mejor versión de fútbol y de carácter

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29 de abril de 2021 a las 22:40

Hoy todo parece perfecto. Siete goles en dos partidos de la Copa Sudamericana. Goleada en Montevideo a Sport Huancayo. Triunfo cómodo en Brasil, 2-0 ante Corinthians en San Pablo este jueves, con lo difícil que es ganar allí. Líder exclusivo del grupo E de la Copa Sudamericana y una producción perfecta, se transforman en esa versión que todos los hinchas quieren disfrutar.

Hoy todo parece perfecto. Y lo es. Aunque tampoco será definitivo porque durante un torneo los equipos suben y bajan en sus producciones. Sin embargo, este mismo equipo –porque si hay algo que tiene este nuevo Peñarol es que Mauricio Larriera lo comenzó a construir en enero–, supo sufrir para llegar hasta acá.

Peñarol festejó un triunfo en Brasil

No se la hicieron fácil los hinchas. Para nada. Se lo plantearon bien sufrido el camino a Larriera, porque después del partido del 17 de febrero ante Cerro Largo en Melo, cuando le empataron en la última pelota, todo el trabajo que silenciosamente venía realizando el entrenador en Los Aromos quedó bajo sospecha. Lo acusaron de cuadro chico y lo tildaron de no estar a la altura de la historia de Peñarol.

De todo esto, no pasó mucho.  Solo dos meses.

En la tarde del 26 de febrero, después del empate ante Liverpool en Belvedere, cuando los hinchas exigían cambios en la conducción e ironizaban sobre la decisión de Bengoechea de apostar por Larriera (un entrenador nuevo, después que en los 20 años anteriores confiaron en DT de trayectoria y ganaron poco), en el análisis del partido reflejé un concepto que resumía el sentir de la incrédula tribuna y una confianza silenciosa emanaba desde el campo.

"En tiempos en los que el desconsuelo agobia al espíritu del hincha, este Peñarol empieza a devolver algo muy importante y que tal vez por la pasión, no percibe: están construyendo el futuro. Una lectura difícil de pedir al hincha, mucho menos si en un mes Nacional consigue el bicampeonato, pero que es desde donde se debe observar si se aspira a cambiar el rumbo. Y es allí donde se enfoca este club que en otras circunstancias, con público en la tribuna, sería una hoguera, y hoy no habría Bengoechea que sostuviera, aunque el equipo jugara con buena proyección de futuro y pudieran culpar al árbitro por el perjuicio. Es el problema de vivir a destiempo". De aquel análisis a hoy, lo único que cambió fue el tiempo que le dieron a Larriera para encontrar el equipo y el funcionamiento. Algo que vale oro por estos días.

Tampoco fue lo único que ocurrió en el camino. Tres semanas atrás. Sí. tres partidos para atrás, cuando otra vez Enzo Borges igualó en el último minuto adicional del partido de ida de la primera fase de Conmebol ante Cerro Largo, en el Parque Viera, las mismas sospechas sobre la capacidad de este equipo invadieron la paz de un plantel que estaba en construcción. Afrontó la revancha ante los arachanes con un veredicto que empujaban los ansiosos e impacientes dirigentes e hinchas: gana o se va.

En ese momento, cuando el mundo parecía derrumbarse para el hincha porque no existe nada peor que una derrota, Pablo Bengoechea, el director deportivo del club, pasó un mensaje claro en donde debía. En el vestuario y en la directiva: este es el camino. Bajo ese paraguas, avanzó Larriera con su plan. 

Entre Bengoechea, e Ignacio Ruglio que hizo el resto desde la presidencia, calmando ánimos y expresando para la tribuna eso que querían escuchar los hinchas, que la continuidad del técnico estaba atada a los resultados (cuando el presidente sabía, porque lo veía en Los Aromos que no tenía dudas sobre el trabajo del entrenador ni iba a cambiar nada), le dieron tiempo al DT y lo blindaron.

Por estos días Peñarol disfruta resultados. Son dos (5-1 y 2-0), pero parecen 100, casi con la misma intensidad y vorágine con la que viven la adversidad.

Todo esto que ocurre no es casualidad. Es causalidad de un proceso que se construye con tiempo y paciencia, y con el carácter de los buenos equipos.

Los aurinegros ganaron en San Pablo ante Corinthians, en esos lugares donde es difícil llevarse triunfos y cualquier victoria adquiere valor superlativo.

¡Qué lindo es ver jugar así a los equipos uruguayos! El jueves Peñarol. El miércoles el Nacional de Alejandro Cappuccio, que jugó un gran partido ante Atlético Nacional y dejó buenos conceptos sobre lo que quiere de su equipo, en el que lleva solo dos partidos y está transitando por estos días aquella etapa de inestabilidad propia de la maduración de su oncena.

Lo que no supo defender con calidad técnica, lo resolvió con el alma

Peñarol mostró en Brasil lo que venía transmitiendo desde las últimas fechas del Clausura. Orden. Disciplina táctica. Jugadores que interpretan de la mejor forma la idea del entrenador. Futbolistas surgidos de la cantera que tienen el plus de llevar la camiseta en la piel. Además de la buena elección de los jugadores para cada puesto y los aciertos tácticos del entrenador: el descubrimiento de Gio González como volante externo y ese tándem con Juan Acosta (o Maxi Pereira) que le da a la derecha las mismas fortalezas que el sector izquierdo (Piquerez-Torres), que durante todo 2020 había sido lo mejor que ofrecía Peñarol. El equilibrio en el medio con la calidad de Gargano y la versatilidad de Trindade. El valor agregado de Terans, que este jueves en Brasil jugó un partidazo construyendo a las espaldas de Álvarez Martínez el fútbol que le dio una profundidad al equipo que fue determinante para gestar los goles del triunfo.

Da mayor valor al éxito que en esta visita a San Pablo, Peñarol no necesitó de su goleador juvenil para llegar a la red.

No es todo. El punto más alto que confirmó Peñarol en esta primera salida en la Copa Sudamericana fue el carácter del equipo, la valentía para jugar y el corazón que pusieron en cada pelota. Las atajadas de Dawson y el amor propio que, incluso en los errores, les permitió defender como leones para evitar la caída del arco.

Dawson jugó un partidazo, y puso a su equipo en un lugar de seguridad que cuando ocurre, difícilmente consiguen derribarlo.

Kevin Dawson

Peñarol se lució en Brasil, jugó un gran partido y vuelve con el dulce sabor del éxito.

Un éxito que tiene que seguir construyendo a diario, pero con la seguridad y certeza que, como en enero, febrero y marzo, cuando querían echar a Larriera, va por buen camino.

No es definitivo lo que jugó Peñarol. Eso sí, va muy bien. Da gusto verlo así, y sobre todo, le deja una enseñanza a los hinchas: tendrán que tener paciencia, porque la desesperación y los cambios al ritmo del estado de ánimo de una derrota son el peor compañero de viaje en el fútbol.

Por suerte para este Peñarol, está Bengoechea, el guardián de los trabajos a largo plazo y de las evaluaciones al final de los torneos, quien custodia ese concepto mejor que nadie.

 

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