Selección > AFUERA DE TOKIO 2020

¿Por qué quedó eliminado Uruguay de los Juegos Olímpicos?

La falta de preparación y los errores que el entrenador fue subsanando le costaron a la celeste ver Tokio 2020 de afuera 

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10 de febrero de 2020 a las 05:00

Uruguay quedó eliminado anoche de los Juegos Olímpicos de Tokio en fútbol a pesar de que la selección sub 23 cerró su actuación en el cuadrangular final que se disputó en Colombia con un contundente triunfo ante los locales por 3 a 1.  

La goleada por 3-0 a segunda hora de Brasil ante una Argentina que no solo estaba clasificada sino que ya era la campeona del certamen, dio por tierra con las ilusiones de los celestes de sellar el pasaporte a Japón. 

Uruguay se acordó tarde de jugar a ganador. O más bien con el correr de los partidos el equipo se fue encontrando y el entrenador Gustavo Ferreyra corrigió errores hasta encontrar la mejor versión del mismo. 

De la oncena que arrancó jugando contra Paraguay solo se repitieron cuatro nombres contra Colombia y uno de ellos, Maximiliano Araújo, en otra posición.

Después de insistir con un sistema táctico (4-1-4-1) que no lograba disimular las carencias en la elaboración de juego ni activar un ataque donde Uruguay mostraba escasa ambición, el DT cambió a un 4-4-2 que le dio una mayor agresividad para presionar arriba y también más presencia de área. 

Ferreyra no aprovechó desde un inicio los muy buenos momentos individuales en los que llegaban jugadores como Mathías Laborda y Federico Viñas. Ambos terminaron siendo titulares. 

Insistió y malgastó recursos con zurdos jugando a perfil cambiado como Joaquín Piquerez o Facundo Waller. 

También demoró en cambiar al golero porque Ignacio De Arruabarrena tuvo un error clave en el partido ante Argentina –más allá de los penales cometidos en la fase de grupos–y 
volvió a jugar contra Brasil donde se hizo un insólito gol en contra.

El curso de la competencia, la valoración del ensayo/error y la necesidad al verse en una situación extrema tras perder contra Argentina en el arranque del cuadrangular final terminaron por cambiarle la mentalidad al entrenador y por consiguiente al equipo. 

Contra Brasil, Uruguay fue una escuadra agresiva, con una primera línea de presión asfixiante y con una verticalidad voraz para canalizar sus ofensivas. 

El equipo encontró un agente de equilibrio notable con Manuel Ugarte como volante central en lugar de un irregular Nicolás Acevedo y cuando le adosó a Juan Manuel Sanabria como ladero en el doble 5 logró la mejor versión del ex Nacional.  

La zaga fue una expresión frágil con Santiago Bueno y Sebastián Cáceres y otra firme, sólida y de dientes mucho más apretados con Emanuel Gularte y Laborda. 

Maximiliano Araújo estaba desconocido como lateral izquierdo y el ingreso de Agustín Oliveros le cambió el aire al equipo, tanto en la marca como en la salida. 

Es cierto que Uruguay se clasificó de milagro a la fase final –perdió sin levante 3-1 con Brasil e increíblemente con Bolivia 3-2– y que también hubiera sido un milagro que clasificara a Tokio después de la pobrísima expresión que dejó durante 70 minutos contra Argentina. 

Pero el equipo hizo un clic tras perder con los albicelestes. Salió a jugar los últimos 180 minutos que le quedaban dispuesto a dejar la excusa de la mala preparación en los vestuarios. A vibrar como tiene que vibrar en la cancha la camiseta celeste y a hacérselo sentir a los rivales. A dejarlo todo por la ilusión de llegar a los Juegos Olímpicos. 

No pudo con Brasil pero sí contra la locataria Colombia, una selección que registró dos derrotas apretadas con Argentina en el certamen y que no perdió con Brasil. 

Un equipo de buen pie que hizo que Uruguay volviera al plan de control. Y el plan esta vez fue un éxito porque el partido se abrió sin aviso previo, cuando la posesión de Colombia rondaba entre el 66% y 71% sin llegadas de riesgo ni profundidad. 

El Colo Ramírez, potenciado desde que Viñas fue su compañero en ataque y dejó de ser un llanero solitario alimentado por pelotazos sin sentido, abrió la cuenta tras un centro de Laborda. 

En la recta final del primer tiempo, la celeste soportó la mejor versión de Colombia. 

La línea de cuatro respondió en gran forma con un Cristopher Fiermarín, relevo de De Arruabarrena, firme en cada intervención.

En el arranque del segundo tiempo dos golazos de afuera del área, uno de Sanabria y otro de José Luis Rodríguez –el más regular de Uruguay en el campeonato–, sentenciaron el pleito. 

Tarde para depender de sí mismos. A segunda hora Argentina cambió su versión aplanadora por una insípida y tibia expresión que no fue rival para un Brasil que solo con la necesidad de ganar para obtener su boleto a Tokio le pasó por arriba. Que esto sirva para preparar mejor París 2024. 

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