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Copa América de 1935, cuando nació la garra charrúa

Ante el descrédito propio y el favoritismo de los argentinos, en Lima nació la leyenda de los celestes, que esa ocasión vistieron de rojo

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13 de mayo de 2020 a las 05:04

El pasado siempre fue mejor. Bajo esa nostálgica mirada creció el fútbol uruguayo: se llenó de glorias solo para añorarlas, levantó héroes para derribarlos y creó mitos para tergiversarlos.

La Copa América de Lima 1935 condensa esa forma histórica del ser y sentir del principal deporte nacional.

A principios de ese año, en Lima, se volvió a disputar el máximo torneo continental, que no se jugaba desde 1929 por el rompimiento de las relaciones entre las Asociaciones de Uruguay y Argentina, luego de la final del Mundial de 1930.

Brasil, dividido en su interna por la lucha entre Federación y Confederación no se presentó. Paraguay y Bolivia que guerreaban por el Chaco desde 1932, tampoco. 

Argentina y Uruguay acordaron que no utilizarían sus uniformes tradicionales sino que repetirían los usados en los únicos amistosos jugados luego del Mundial (1933 y 1934). Blanco los argentinos. Rojo los uruguayos.

Pero entonces a la selección nacional –doble campeona olímpica, primera monarca mundial, máxima ganadora de Sudamericanos se le acusó un estado de decadencia. Las glorias vivientes (Ballestrero, Nasazzi, Lorenzo Fernández, el Manco Castro) fueron considerados viejos. Los jóvenes de la generación de recambio (Ciocca, Enrique Fernández, Braulio Castro) eran solo eso, jóvenes.

El equipo viajó entre presagios oscurantistas. Por eso, cuando se conoció que en Argentina no iban a conformar el equipo Peucelle, Varallo, Cherro, Fazio, Manuel ni Bernabé Ferreira se suspiró de alivio. Un columnista de El Diario, escribió: “Será esta una manera de atenuar las dificultades y el riesgo a que ha estado expuesto el fútbol uruguayo debido a una evidente equivocación de sus dirigentes”.

Las críticas apuntaban a que desde la profesionalización del fútbol uruguayo (1932) el estado de situación del mismo era idéntico a su época amateur. Además, el equipo no se había preparado de la mejor forma. Perú y Chile eran superiores físicamente y los argentinos, lisa y llanamente, mejores. 

El mismo medio de la época refería: “No se poseía cuando se salió el training preciso. Los viejos se van apagando con el correr de los años y a los nuevos aún les falta aclimatación, han sido arrancados excesivamente verdes”.

Argentina abrió el torneo el 6 de enero goleando 4-1 a Chile. El centrohalf Jorge Alberti (Huracán) y, sobre todo, el centrodelantero Herminio Masantonio (Huracán) lucieron gran nivel.

Uruguay superó a duras en su debut a Perú 1-0 con gol del Manco Castro faltando 10 minutos para el final. Ballestrero y Nasazzi fueron las figuras.

Argentina volvió a golear en su segunda presentación 4-1 a Perú.

Mientras, Uruguay reeditó la angustia para triunfar: 2-1 sobre Chile, con anotaciones de Ciocca. Para colmo, Ballestrero salió lesionado por un golpe en un dedo y Nasazzi por una contusión en el tobillo.

Así, una vez más, argentinos y uruguayos llegaron a disputar otra final. “No somos favoritos, lo sé no estamos en plenitud física, lo sé, pero no aflojaremos un chiquito en la disputa de un título que nos ha sido familiar”, dijo Nasazzi en la previa.

Ballestrero, a quien se le descartó fractura, quiso estar sí o sí: “Aunque tenga que ir al hospital jugaré”.

Los dos se recuperaron y jugaron el 27 de enero. El primer tiempo de Uruguay fue arrollador. En 15 minutos (de los 18’ a los 33’) anotaron Taboada, Héctor Castro y Ciocca.

El segundo tiempo fue intenso pero Uruguay cumplió una notable labor defensiva. Cuentan las crónicas que en determinado momento Lorenzo Fernández cayó extenuado y pidió cambio. Entonces el capitán Nasazzi vociferó: “¿Qué pensará la gente cuando la radio diga que el gallego Lorenzo no quiere seguir jugando porque anda flojo y parece que le tiene miedo a Masantonio?”. Lorenzo gritó: “Ni flojo ni con miedo”.

Se incorporó y siguió jugando para terminar de borrar de la cancha al astro argentino.

Uruguay se consagró nuevamente campeón de América. Con los ídolos que quisieron derrocar antes de tiempo. Con los jóvenes (Braulio Castro fue imparable en la final) que juzgaron antes de darles su oportunidad. Con el mito que nació así para quedarse en la historia: la garra charrúa. El espíritu indomable ante la adversidad. 

¿Garra o patoterismo?

“Llega la prueba decisiva y los tradicionales rivales afirman categóricamente su triunfo”. “Evidentemente el conjunto argentino carece de corazón”. “Este éxito reafirma que la calidad del fútbol uruguayo es la mejor del mundo”, titularon los medios argentinos –salvo Crítica–, que señaló que los uruguayos intimidaron a Masantonio (Lorenzo tuvo efectivamente un encontronazo con él en el segundo tiempo), que Demare salió lesionado y le tuvieron que dar cinco puntos en la frente, que Ciocca lesionó al arquero Bello en ocasión del primer gol (también dejó el campo) y que el propio entreala uruguayo agredió a Masantonio en el tumulto del segundo período. La garra charrúa nació también con su costado oscuro y muchas veces se extraería esta connotación negativa para enfrentar la adversidad.

Y mientras...

En Uruguay, el 3 de enero llegó el ex campeón mundial de los pesos pesados, el gigante italiano Primo Carnera (2,06 metros, 120 kilos) para hacer una exhibición en el Estadio Nacional (Piedras e Isla de Lobos). La entrada del ring side costó $ 2,14 y la general $ 0,64. El Diario calificó el evento como “una verdadera burla al público que asistió a un espectáculo circense”.

El plantel

GOLEROS EQUIPO
Enrique Ballestrero Rampla Juniors
Héctor Macchiavelo Racing
ZAGUEROS
Agenor Muñiz Wanderers
José Nasazzi Nacional
LÍNEA MEDIA
Erebo Zunino Peñarol
Lorenzo Fernández Peñarol
Miguel Juan Olivera River Plate
Marcelino Pérez Nacional
Luis María Denis Wanderers
DELANTEROS
José Alberto Taboada Wanderers
Juan Emilio Píriz Defensor
Aníbal Ciocca Nacional
Héctor Castro Nacional
Miguel Andreolo Nacional
Peregrino Anselmo Peñarol
Enrique Fernández Nacional
Conrado Haberli Rampla Juniors
Braulio Castro Peñarol

Este artículo formó parte de la serie "Campañas" que semanalmente, entre el 27 de marzo de 2006 y 1° de marzo 2010, publicó El Observador en su edición impresa y que en estos tiempos de encierro permitirán recordar las mejores actuaciones de equipos e individuales en todos los deportes en Uruguay

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